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La paráfrasis de Wiener

Cibernética pulp«Dad al hombre lo que es del hombre, y a la computadora sólo lo que es de la computadora» Wiener, 1958

Norbert Wiener (1984 – 1964) fue un matemático estadounidense responsable de la Cibernética, término que acuñó en el año 1948 con la publicación de su libro Cybernetics. A grandes rasgos Wiener llamó cibernética al control y la comunicación entre animales y máquinas, pero fue con su segundo libro “El uso que el hombre le da al ser humano (1950)”, cuando terminó por desarrollar completamente el concepto y sus implicaciones en relación a la sociedad. Con el tiempo se preocupó profundamente por el crecimiento de la automatización y el mal uso que los hombres le estaban dando al uso de la cibernética; y veía el peligro que entrañaba en las fábricas y sus consecuentes proyecciones sociales, entre ellas el desempleo. Wiener, ante lo que había creado, reflexiono y se asustó. Sus palabras, parafraseando una conocida cita bíblica cerraban así una conferencia que dio en Francia en el año 1958, unos pocos años antes de morir. Las aportaciones de Wiener al campo de la ciencia ficción, así como sus influencias son indiscutibles. Sin embargo, por el bien de la literatura pulp, mejor no tomarse al pie de la letra la paráfrasis con la que hemos abierto este artículo.

Wiener causó sensación con sus revolucionarias teorías. Fueron muchos los escritores de ciencia ficción quienes trataron de dar forma a universos imaginarios según los principios de Wiener desvirtuando el término desde un punto de vista literario. La ciencia ficción supone el interés por comprender y visualizar de forma tangible las posibilidades de los descubrimientos científicos y tecnológicos en relación a los individuos y el contexto social en el que se desenvuelven. Como novela científica —ciencia ficción—, Brian W. Aldiss apunta a la obra de Mary Shelley “Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818”, como la primera de este género. Sin embargo, podemos encontrar indicios válidos de ciencia ficción en obras mucho más anteriores, tanto que incluso podríamos remontarnos a la mitología griega. En mi humilde opinión, destacaría a Julio Verne y su De la Tierra a La Luna (1865), como una de las obras más representativas, y transcendentes.

La Ciencia Ficción de las revistas pulp a principios del siglo XX como Astounding Stories, más allá de la seriedad o el rigor científico, lo que pretendían era cautivar la atención del lector, seduciéndolo a golpe de portada. Estas portadas solían explotar el concepto BEM (bug eyed monster), es decir bicho enorme, feo, y con ojos de insecto, junto con la desvalida sensualidad de la fémina típicamente rubia. La portada del primer número de Astounding, “The beetle horde”, por Victor Rosseau, sería un perfecto ejemplo. A excepción de algunos autores destacados, la mayoría optaban por el sensacionalismo puro y duro, y las reflexiones científicas apenas tenían cabida. Algunos de estos autores destacados, tales como Olaf Stapledon o Clive Lewis, mostraban una mayor preocupación por el contenido de sus historias.

Ciencia Ficción Pulp - Concepto BEM

Un hito fundamental fue la concepción de la palabra Robot. Karel Capek (1890-1838) fue uno de los escritores en lengua checa más importantes del siglo XX, y está considerado como el padre del término, el cual aparece por primera vez en su obra teatral R.U.R (Robots Universales Rossum), estrenada en Praga allá por el año 1920, y fue tal su éxito, que no tardó mucho en extenderse ese nuevo término, esa palabra “Robot”.

Sin embargo, no fue hasta el año 1937 cuando el escritor y editor John Campbell (1910 – 1970) dio un golpe en la mesa y tomó las riendas de la ciencia ficción pulp. Fue en ese año cuando comenzó a dirigir la revista pulp Astounding Stories, cambiándole el nombre por Astounding Science Fiction.

Campbell se rodeó de escritores tremendamente creativos con los que dar vida a una sesuda Space Opera más allá del sensacionalismo BEM, y mucho más digna. Escritores como Isaac Asimov, Robert A. Heinlen, Theodore Sturgeon, Jack Williamson, fueron algunos de los habituales. Y de este pesebre nacieron ideas tan revolucionaras como las tres leyes de la robótica, que si bien fueron atribuidas a Asimov, éste mismo siempre ha reconocido la influencia determinante de Campbell, cuyo trabajo se había centrado exhaustivamente en esta línea, sobre todo en lo que se refiere a la relación de causalidad entre el hombre y la máquina; la máquina y la sociedad.

Por aquel entonces una de las eminencias del momento era Norbert Weiner, padre de la cibernética, cuyas ideas y aportaciones supusieron una revolución del concepto, algo totalmente necesario para la nueva ciencia ficción que se estaba creando; una ciencia ficción especulativa, imaginativa, y reflexiva, donde todos las áreas del conocimiento humano podían abordarse dentro de esta línea. Todas las ciencias tenían cabida: Psicología, Comunicación, Educación, etc. A este periodo que va desde el año 1937 hasta 1950 se le conoce como La Edad de Oro de la Ciencia Ficción. Un periódo en el que bien podríamos hablar de un nuevo concepto, el de la cibernética pulp, o cyberpulp.

Cibernética Pulp. Evolución de la Space Opera

Si bien Frankenstein fue considerado como el androide primordial de la proto-ciencia ficción, no fue hasta la conceptualización del término robot cuando se popularizó la analogía entre hombre y máquina, y cómo esta última podría revelarse frente a su creador. Las leyes de Asimov eran la respuesta lógica ante el miedo y el afán del hombre en su falsa apariencia de control absoluto sobre lo que le rodea; en su necesidad de "Dominar el Mundo". Sin embargo, fueron las aportaciones de Wiener las que permitieron analizar y comprender las posibles desviaciones sobre lo creado. La cibernética había nacido para quedarse. Y entonces surgió el concepto de la “retroalimentación”.

Wiener, en su inicial optimismo, llegó a afirmar que el hombre artificial sería un valioso aliado del hombre biológico en la lucha contra el caos universal, puesto que ambos se muestran como “islas de entropía localmente decreciente”. No obstante, esto es contrario a la ciencia ficción pulp, puesto que lo anhelado por el lector siempre es la rebelión de las máquinas, la materialización de una maldad irrefrenable, el horror palmario, y no la paráfrasis de Wiener. O al menos esto es lo que nos motiva a todos quienes disfrutamos como escritores. Pero una cosa es la ciencia ficción, y otra la realidad, y en este caso, por desgracia, las postulados de Wiener parecen quedarse al margen. Una obra destacada, acerca de su advertencia en cuanto a los riesgos de la cibernética, fue Player Piano (1952), de Kurt Vonnegut´s.

La antítesis de Wiener tiene su mayor exponente en la Guerra Fría. Genios como Vannevar Bush, Norbert Wiener y Marshall McLuhan, profundamente comprometidos con la sociedad de la información y la tecnología, explotaron sus conocimientos pero sin perder de vista las necesarias implicaciones militares, quisieran, o no. Las bases de Arpanet ya estaban en marcha. En el año 1966, Roger Gowan, que trabajaba en el sector de informática del comando de misiles del ejército de los Estados Unidos, junto con Frederick Ordway III, especialista de aeronáutica, escribieron:

“La investigación y el desarrollo en el sector del pensamiento acerca de las computadoras y el ritmo actual del progreso en la tecnología microelectrónica indican que las sociedades tecnológicamente avanzadas podrán producir autómatas inteligentes completamente sintéticos, capaces de pensamiento creativo en todos los sentidos del término. Será posible crear una inteligencia sintética superior a la humana en la Tierra en unas pocas décadas”

“Cualquier nación que aceptase el esfuerzo financiero necesario para producir un autómata artificial inteligente tratará de obtener el máximo provecho del mismo en cuanto estuviese completo, en especial porque otra nación en competencia con ella podría adelantarse. Por lo tanto, en un futuro, las naciones más importantes se enfrentarán a la siguiente altenativa: entregar el control nacional a un autómata sintético, o ser dominadas por otra nación que eligió dicha posibilidad. Esto implica que los autómatas artificiales serán inevitablemente empleados para tomar decisiones ejecutivas en el nivel más alto”.

El mundo del cine está lleno de ejemplos, porque ésa es precisamente la idea que vende, la que gusta. La máquina sobre el hombre. Lo creado revelándose contra su creador. Tales ejemplos podrían ir desde HAL 9000 en la Odisea del Espacio 2001 (Stanley Kubric), hasta la SkyNet de Terminator (James Cameron). Futuros distópicos en los que escritores como H.G. Wells, Huxley u Orwell, solían moverse como peces en el agua. Sin embargo, si hay un autor que destaca en la literautura de computadoras, ése es Stanislaw Lem.

La cibernética, según las distintas corrientes del momento, trasladó el concepto inicial de robot a otros más actuales, como Cyborg, dando incluso forma y significado a movimientos como el Cyberpunk, heredero del DieselPunk. Aquí se habla de ingeniería genética y seres humanos modificados, como por ejemplo la novela Maelstrom (1988), de Paul Preuss. No son máquinas propias, sino híbridos. Ahora el salto en el tiempo nos ha llevado a los años 80, y esto ya es otra historia.

Fuentes:

Technofobia. Science Fiction Visions of Posthuman Technology. Daniel Dinello (2005)

La Ciencia Ficción. Miguel Barcelo (2008)

Ensayos, por Ciro Flamarion Santana Cardoso (2001)

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