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Edgar Allan Poe. Cine y literatura

Eihir nos recuerda, en el artículo que sigue, tres de las obras más importantes de Edgar Allan Poe, precursor del pulp, junto con algunas de sus adaptaciones cinematográficas

A estas alturas todo el mundo sabe quién es Edgar Allan Poe, maestro de la literatura universal que nos dejó un buen puñado de obras inolvidables, la mayoría de ellas bajo la forma de relato corto de terror gótico. Muchos especialistas de la historia literaria le atribuyen dos méritos muy notables: que fue el primer escritor en intentar vivir solamente de su obra, y que fue el creador del género literario de los detectives investigadores. Pero entrar a debatir este asunto exigiría un artículo demasiado extenso, al igual que enumerar la obra, vida y milagros de este autor archiconocido, así que nos limitaremos (al menos hoy) a centrarnos en tres de sus relatos más importantes (y más veces adaptados al cine): Los Crímenes de la Calle Morgue, El Gato Negro, y El Cuervo.

LOS CRIMENES DE LA CALLE MORGUE

El Relato

Los Crímenes de la Calle Morgue fue publicado en la revista Graham's Magazine, de Filadelfia, en abril de 1841. Según los expertos estamos ante el primer relato de la historia de la literatura mundial que trata el tema de los detectives, y que contiene los elementos típicos que posteriormente caracterizarían las obras de novela policiaca.

Es cierto que al leerlo en la actualidad uno piensa enseguida que ya ha visto lo mismo cientos de veces, tanto en relatos como novelas, comics y películas, pero estamos hablando de un relato pionero del género escrito en 1841. Con una extensión de apenas 37 páginas, Poe sienta las bases del género detectivesco mezclado con el horror de forma magistral, si bien es cierto que su toque personal incluye unas 10 primeras páginas que enlentecen la trama y echan hacia atrás al lector impaciente y poco avezado en esto de la literatura gótica.

Pero tras esa parte inicial demasiado filosófica el autor cuenta como el propio narrador de la historia (escrita en primera persona como muchos de los relatos de Poe) conoce en París a un tal Monsieur C. Auguste Dupin, un caballero de alta cuna reducido a la pobreza pero que aún puede subsistir sin tener que trabajar, lo que le permite tener tiempo libre para investigar casos. ¿Os suena esto de algo? Ponedle al tal Dupin una gorra, bufanda y lupa, y tenemos a Sherlock Holmes, y con un poco de imaginación el propio narrador podría transformarse en el servicial doctor Watson. Y aquí tenemos una de las características principales de Los Crímenes…, el sentar los precedentes que conducirían a Doyle a crear a su célebre (y posterior) investigador privado de Baker Street.

El argumento del relato es simple. Dupin y su amigo leen en el periódico un terrible suceso, un misterioso y escabroso crimen con dos mujeres asesinadas. Una de ellas es encontrada en el interior de la chimenea y otra con la cabeza decapitada, y muy cerca es hallada el arma del crimen (una navaja de afeitar ensangrentada). Se desconoce el motivo del crimen, la forma de acceso al interior de la casa y por supuesto la identidad del asesino, al que los vecinos logran escuchar aunque sin ponerse de acuerdo en el idioma en el que hablaba. Puesto que la policía no tiene pistas, Dupin y su amigo toman cartas en el asunto y deciden investigar el caso por su cuenta.

No vamos a revelar quién es el asesino, pero si podemos decir que durante toda la obra la línea argumental se basa en el predominio de la reflexión intelectual, conduciendo a un desenlace final tal vez algo precipitado e inverosímil, pero que reúne todas las piezas del puzle de forma que todo encaja en su sitio y el misterio es explicado al lector.

En resumen, lo que Poe trata de comunicar con Los Crímenes… es que todo tiene solución, siempre que se aplique el tiempo necesario empleando la reflexión y la lógica debidas. Un ambiente de tensión y realismo lógico frente a la dificultad de la resolución de un cruel y horrible homicidio completa el relato, donde destaca ese empleo del lenguaje narrativo en primera persona que posteriormente se imitaría hasta la saciedad. En definitiva, un relato policiaco y de misterio que mantiene la tensión del lector hasta su inesperado final.

El doble Asesinato en la Calle Morgue (Robert Florey, 1932)

Un clásico de la Universal, que se encontraba en el principio de sus años dorados de adaptaciones de clásicos del terror al cine. La fidelidad al relato se deja de lado en cierto sentido, pues aquí se deja el “accidente casual” de la obra original para convertirse en una historia pulp con Mad Doctor incluido. Nos encontramos pues a un sádico doctor parisino, con el rostro del gran Bela Lugosi, que se dedica a secuestrar mujeres jóvenes para experimentar con ellas sus dementes teorías evolucionistas sobre el mono y el hombre. Sin embargo al encapricharse de la novia de un joven doctor, cometerá un gran error que le llevará a la ruina y al fracaso de sus maléficos planes.

Más que una historia de detectives, es una obra de terror donde se nota la mano experta de Karl Freund en la magnífica dirección fotográfica, con ese París oscuro y siniestro entre cuyas brumas sórdidas se esconde la vil naturaleza del ser humano. Es un claro antecesor del Frankenstein de James Whale, un film que además de entretener (y horrorizar) es visualmente expresivo, construido de forma profunda y casi perfecta y cuya atmósfera gótica sabe combinarse con una historia de terror en la que subyace el eterno debate entre ciencia y religión. Una obra maestra del género indispensable para los amantes del terror clásico, siempre que el espectador tenga claro que no adapta fielmente el relato de Poe.

El Fantasma de la Calle Morgue (Roy Del Ruth, 1954)

Es más un remake de la anterior que una nueva concepción de la historia, así que una vez más nos alejamos de una adaptación fiel del relato del maestro Poe para rencontrarnos con un Mad Doctor que usa el crimen para sus experimentos. La diferencia fundamental es que aquí no se trata de una teoría de la evolución del hombre, sino de aspectos más pertenecientes a la psicología clásica. La filmación gótica tenebrosa deja paso a un efectismo colorido más moderno pero que le resta cierta capacidad de misterio y horror, dando paso a una mayor relación de personajes y a una trama algo más desarrollada y compleja que su antecesora, donde sobresale el actor Karl Malden (ganador de un Oscar y muy conocido por sus apariciones en clásicos como Un Tranvía Llamado Deseo, La Ley del Silencio y El Rostro Impenetrable, entre muchos otros films).

Yo destacaría que en esta versión sí que aparece la figura del detective aficionado, el Dupin de Poe, caracterizado por el empleo de una lógica apabullante y holmesiana que resultará vital para resolver el caso con éxito.

Corresponde al espectador decidir con que versión se queda, si con la de Lugosi o con la de Malden, cada una de ellas genial en su respectiva época.

Asesinatos en la Calle Morgue (Gordon Hessler, 1971)

Damos un nuevo salto generacional y nos encontramos con esta película protagonizada por Jason Robards, ganador de dos Oscar por Todos los Hombres del Presidente y Julia. Aunque por el título uno apostaría a que se trata de una nueva versión de la obra de Poe, en realidad es una adaptación de El Fantasma de la Opera de Gastón Leroux. Lo de la Calle Morgue viene a cuento únicamente porque la trama se desarrolla alrededor de un teatro donde se está representando dicha obra. Así que aquí no hay Mad Doctor, sino una serie de asesinatos cometidos por un vengativo enmascarado que fue víctima años atrás de una injusticia.

Lo mejor del film es el vestuario y la ambientación, además del suspense sobre el enmascarado y las motivaciones de los distintos personajes, si bien es cierto que en algunos momentos es bastante previsible y algunas escenas denotan una escasez de presupuesto demasiado alarmante.

Una interesante historia donde en realidad no hay un solo bueno, y todos son personajes que esconden intereses ocultos y egoístas. Pero como adaptación de Poe, simplemente un cero.

Los Crímenes de la Calle Morgue (Jeannot Szwarc, 1986)

Una producción menor hecha para la pequeña pantalla pero que sin embargo posee una factura muy profesional y absolutamente correcta en todos sus aspectos. Mención destacable el hecho de sus protagonistas, con George C. Scott (El Exorcista III, Al Final de la Escalera) como el detective retirado Dupin, Val Kilmer (Batman 3, El Santo) como el joven detective aficionado, y Rebecca de Mornay (La Mano que Mece la Cuna) como la hija de Dupin.

Una vez más nos encontramos el crimen de siempre, las dos mujeres muertas de forma horrible, el misterio del asesino supuestamente extranjero y la inexplicable forma de entrar y salir del lugar del crimen. Un misterio que llevará a un Dupin jubilado (que se encaminaba como los elefantes al cementerio) a recuperar sus ganas de vivir intentando resolver el enigma.

También en esta adaptación los puntos fuertes son los decorados de París en el siglo XIX y los ambientes junto al diseño de vestuario, que alegran una trama bastante digerible para ser un producto televisivo. Tal vez lo peor sea la caracterización del asesino, que hace pensar en que se gastaron todo el presupuesto en la escenografía y no les quedó para el “traje”. Pero cosas peores se han visto en el cine.

EL GATO NEGRO

El Relato

The Black Cat fue publicado originalmente en el periódico Saturday Evening Post de Filadelfia en su número del 19 de agosto de 1843. Es un gran relato psicológico donde su autor cuenta las peripecias de un hombre con problemas de alcoholismo que, llevado por la ira, mata a su pobre gato negro. Atormentado por la culpa, el hombre se encontrará con otro gato casi idéntico al fallecido por el que sentirá una angustiosa antipatía, y cuyo comportamiento acosador le llevará a cometer un crimen presa de una furia demencial. Aunque en principio intenta ocultar las pruebas del delito, una vez más el gato siniestro aparecerá en el fatal desenlace para arruinar la poca cordura que le quedaba al protagonista.

Como muchos otros relatos de Poe, un lector con prisas devorará rápidamente las escasas páginas de esta obra y pasará a la siguiente, seguramente sin detenerse a analizar ciertos factores. Y es que pocos autores pueden expresar en tan pocas líneas un conglomerado de ideas interesantes como el problema del alcoholismo, la autodestrucción, el asesinato por causas psicológicas, la reencarnación, la venganza, el tormento de la culpabilidad, y todo ello envuelto en una magistral historia de suspense siempre ambientado en zonas oscuras (tabernas, sótanos, etc…) que aportan un toque de misterio a este relato donde la muerte es la auténtica protagonista. No es casualidad que el gato negro se llame Pluto, pues Plutón en la mitología romana era el dios del Inframundo y de los muertos, lo que explica en parte la misteriosa resurrección-reencarnación del animal.

En definitiva, uno de los cuentos más complejos de Edgar Allan Poe, donde el lector es atrapado por la intriga de saber qué es lo que pasará con el gato o con la esposa, hasta llegar a ese clímax con sorpresa final que caracterizó a muchos de los relatos del autor.

Satanás: El Gato Negro (Edgar G. Ulmer, 1934)

Rodada en pleno auge del denominado Terror Clásico de la Universal, un periodo que se inició con el Drácula de Tod Browning y que finalizaría más o menos con la última de las secuelas del Monstruo de la Laguna Negra, esta película es más una historia de tensión psicológica que una obra de terror. Apoyado en dos de sus iconos más importantes, Bela Lugosi y Boris Karloff, ambos en su mejor momento y de lejos lo mejor del film, la historia cuenta como un joven matrimonio de luna de miel conoce en un tren a un doctor en psiquiatría (Lugosi). Tras unos problemas de transporte el trío termina en la siniestra mansión de un enigmático e inquietante arquitecto (Karloff), el cual se muestra amable con los recién llegados aunque la realidad es otra muy distinta…

Esta película tiene elementos muy inquietantes, como los personajes secundarios, las habitaciones de la casa, la secta satánica, y toda la iconografía del sótano, pero lo más destacable es el excelente y titánico duelo psicológico entre los personajes de Lugosi y Karloff, que mantienen una rivalidad que proviene años atrás y que es momento de que llegue a su fin (magnífica la escena final en el potro de tortura). Los diálogos son mucho mejores que en Drácula o Frankenstein e incluyen algunas perlas entre los personajes principales, y la dirección de cámara y fotografía ayudan a ensalzar en momentos cruciales la sensación de horror.

Resumiendo, una joya del cine clásico no tan conocida como otras cintas de la misma productora pero no por ello menos recomendable, y que a pesar de no poseer el mismo presupuesto resulta un entretenido thriller de terror psicológico, horror, crimen y suspense, con dosis de drama y también de romanticismo. Y todo ello en apenas 65 minutos, mientras que hoy en día te sientas a ver una película de tres horas y te cuenta mucho menos que ésta.

Lo único malo del film, por así decirlo, es que aunque hay un gato negro propiedad del maligno satanista, y que cada vez que aparece hace retroceder al psiquiatra porque le trae malos recuerdos del pasado, no tiene absolutamente nada que ver con el relato original de Poe (y eso que en los títulos de crédito iniciales y en el cartel publicitario de la película dicen eso de “basado en…”). Pero la presencia del animal en la película es mero simbolismo del mal, ya que su propietario es casi como el mismo Diablo.

El Gato Negro (Albert S. Rogell, 1941)

No es un remake de la anterior, aunque también está producida por la Universal y una vez más está presente Bela Lugosi, aquí sin tanto protagonismo y desgraciadamente en el inicio de la cuesta debajo de su carrera. La historia trata de una anciana solitaria que vive en su mansión junto al ama de llaves, postrada junto a su camada de gatos mientras sus codiciosas parientes esperan su muerte como buitres agoreros. Pero cuando el médico anuncia que el estado de salud de la anciana va mejorando, se revelará que alguno de los familiares no está contento con la noticia de la recuperación.

Aquí nos encontramos a Basil Rathbone (el Sherlock Holmes clásico) y al comediante Hugh Herbert en los papeles principales, además del citado Lugosi, pero ninguno de ellos logra que esta cinta supere el listón de producto correcto ni logra olvidar la versión de 1934, mucho más brillante. El film se sustenta gracias a los efectismos típicos de la época, con esos pasadizos oscuros donde los protagonistas realizan sus intrigas. Pero el tono humorístico de la producción y ver a Lugosi reducido a un mero jardinero secundario no contribuye a mejorar la sensación agridulce que se produce al realizar el primer visionado de esta película.

Sin embargo, para los fans del género y de los clásicos de la Universal aún sigue siendo bastante recomendable, pues reúne los elementos típicos del género como asesinatos, truenos, gatos aullando, disparos, gritos en la noche, pasajes ocultos, etc…pero todo ello con una excesiva dosis de comicidad. Y por cierto, aquí tampoco aparece casi nada del relato de Poe.

El Gato Negro (Lucio Fulci, 1981)

No seré yo quien niegue que el director italiano, famoso por dirigir obras maestras del terror, sea uno de los grandes del cine. Sin embargo, mentiría si no dijese que El Gato Negro me ha decepcionado mucho, siendo una de las peores (si no la peor de todas) películas de Fulci.

Aunque la historia parte de una idea interesante, con un Mad Doctor que intenta comunicarse con los muertos, y un misterioso gato infernal que se dedica a matar a todo el que se le pone por delante, a la media hora la película pierde el ritmo y va cuesta abajo hasta someter al espectador al aburrimiento total. Malas interpretaciones, pésimo guion, dirección escasa de ideas (las escenas parecen pegadas entre sí sin ningún tipo de hilo argumental que las enlace, y el director abusa repetidamente de unos primeros planos nada interesantes) y un final copiado y pegado del relato de Poe pero sin venir a cuento de la historia, es lo único que el espectador va a encontrar además de muertes sin sentido y gatos y más gatos.

Resumiendo, no la recomiendo para nada, una gran decepción viniendo de Fulci, aunque siempre queda el consuelo de que tal vez no fuese él quien la dirigiera sino otra persona, y que pusieran el nombre del director italiano para atraer a la gente.

EL CUERVO

El Relato

A diferencia de Los Crímenes de la Calle Morgue y El Gato Negro, The Raven es un poema narrativo, publicado por primera vez en 1845. Consta de solo cuatro páginas, y aun así es uno de los más admirados y analizados de la historia. Básicamente trata de un joven que ha perdido a su novia, Leonora, y que inesperadamente recibe la visita de un cuervo de plumas negras. El bichejo tan solo sabe repetir una y otra vez la misma frase (“nunca más”), dejando aún más abatido si cabe al joven protagonista, pues se da cuenta de que nunca más saldrá de ese estado de tristeza y soledad profundas en el que se halla.

Este poema fue el que le abrió las puertas del reconocimiento a Poe, si bien no le proporcionó un éxito económico, y rápidamente fue reimpreso, imitado y parodiado en innumerables ocasiones. Muchos poetas, escritores, cineastas e ilustradores han encontrado en estas breves líneas una fuerte inspiración para sus propias obras, y los entendidos en el tema del verso solo tienen grandes palabras para El Cuervo. Pero como lo mío es el cine clásico, hablemos de las adaptaciones.

El Cuervo (Lew Landers, 1935)

Una joven sufre un accidente de coche y su estado grave hace que los médicos recurran al doctor Vollin, un fanático de la obra de Poe. Vollin ayuda a la joven, pero se encapricha de ella a pesar de la diferencia de edad, por lo que urdirá un malvado plan para deshacerse de todo aquel que la pueda apartar de su encaprichamiento. Y como no, que mejor método que recurrir a las torturas que aparecen en las distintas obras del maestro del terror gótico…

Una vez más la Universal reúne en el mismo reparto a sus dos grandes estrellas, Bela Lugosi (como no, aquí es el Mad Doctor) y Boris Karloff (un delincuente chantajeado por el villano para que le sirva de monstruoso ayudante), ambos en plena forma. El film es un rotundo homenaje a Poe y su obra, con el villano completamente obsesionado (genial Lugosi cada vez que habla del poema del Cuervo o de las torturas y la muerte). La atmósfera que envuelve la trama está muy bien conseguida, aportando las necesarias dosis de misterio y tensión. El título del film también se hace manifiesto en el cuervo del escritorio, siempre proyectando esa inquietante sombra sobre la pared, además de las secuencias del baile y de la tormenta nocturna.

Demencia, sadismo, tortura, amor imposible, la dualidad entre el bien y el mal (y entre lo bello y lo feo, véase el personaje de Karloff), y por supuesto, la muerte, son los factores presentes en esta película que homenajea con justicia la obra de Poe.

El Cuervo (Roger Corman, 1963)

Cuando uno lee los nombres de las personas involucradas en esta producción, como Roger Corman (dirección), Richard Matheson (guión), y un reparto formado por Vincent Price, Boris Karloff, Peter Lorre y Jack Nicholson, adaptando una obra del maestro Poe, se frota las manos pensando que va a encontrarse una producción de terror de lo mejor del género. Pues bien, cuando a los cinco minutos vi de que trataba la película, juro que pensé que me había equivocado. Desilusión, decepción, chasco, llamadlo como queráis, pues resulta que todo es comedia y sátira humorística, sin un gramo de terror, horror ni misterio del bueno.

Un segundo visionado permite ver el film desde otra perspectiva, fijándose en detalles como el vestuario, los escenarios, los efectos especiales (dignos para la época pero hoy en día claramente anticuados) y las interpretaciones (siempre como actores de comedia) del magistral reparto de estrellas, pero todo ello no deja de evocar la sensación de que todo está desaprovechado, y que se podría haber hecho un producto mucho más interesante. Lo mejor de todo, que adapta el poema de Poe desde una perspectiva más fiel que otras obras (hay un cuervo llamando, hay una Leonora, y hay un nunca más al final de la película), pero sinceramente la película no me ha gustado mucho.

El Enigma del Cuervo (James McTeigue, 2012)

The Raven es una película actual de asesinatos misteriosos, los cuales se encargará de resolver un Edgar Allan Poe detectivesco interpretado por John Cusack. Son las últimas horas de vida del poeta y escritor, el cual es sospechoso de los crímenes al estar éstos basados en sus obras.

La trama no es nada original, aunque hay cierto interés en ver como termina todo pues el espectador ya sabe (normalmente) como fue el final del escritor: fue encontrado en las calles de Baltimore, en un estado deplorable, vistiendo la ropa de otra persona, y repetía el nombre de Reynols, un explorador polar protagonista de sus novelas. Poco después, murió en el hospital sin llegar a explicar lo que le había sucedido. Sus últimas palabras fueron, ¡Que Dios ayude a mi pobre alma! Y al final todo encaja de forma rocambolesca, de forma poco brillante y con calzador.

Recomendable para verla una sola vez, pero solo a quien le guste las películas de misterio y crímenes, pues la verdad es que podrían haber hecho un producto mucho más interesante. Relacionado: 

CONCLUSIÓN

Los Crímenes de la Calle Morgue puede que no haya envejecido tan bien como otros clásicos, tanto en lo que respecta a la obra original como sus adaptaciones. Sin embargo, su contribución al género es tan importante que no debe ser olvidado en modo alguno, motivo por el cual se ha realizado el presente artículo. Puede que Monsieur Dupin no sea tan célebre como Sherlock Holmes, pero sin duda el segundo no habría existido sin el primero, uno de los méritos que deben atribuirse con justicia al que seguro jamás será olvidado. Su célebre autor, un escritor estadounidense de Baltimore que en su día padeció los infortunios por tratar de vivir su sueño, algo que hoy en día muchos aún tratan de emular. Dicen que Poe no tuvo el reconocimiento que merecía en vida, pero es innegable que su talento y su obra son universales, como bien puede apreciarse en la multitud de adaptaciones que se han realizado de su obra (muchas de ellas por el gran director Roger Corman).

Así que ya sabéis, apreciados lectores y amantes del pulp detectivesco, que cuando devoréis una de esas historias protagonizados por petulantes investigadores de brillante ingenio, que se enfrentan a un rompecabezas que pone a prueba sus dotes deductivas, pensad que todo eso tuvo una vez un origen: Los Crímenes de la Calle Morgue.

Respecto al Gato Negro, el relato de Poe es brillante en todos sus aspectos, otra muestra de este gran genio universal de la literatura. Aunque ninguna de las películas le hace justicia al relato, bien es cierto que la versión de 1934 es una gran película en sí misma y absolutamente recomendable (en pocas más se volverían a juntar Lugosi y Karloff). Pero lo que todas estas obras tienen en común es el animal, el gato negro, que siempre ha sido considerado como un animal mágico en todas las mitologías. En la Edad Media eran los servidores de las brujas, en el antiguo Egipto eran símbolos sagrados de los cultos y de los sacerdotes, y en determinadas culturas es sinónimo tanto de buena como de mala suerte (dependiendo del país).

Así que, compañeros, mejor no cruzaros con un gato negro en la noche por si acaso es el que describe Poe en su relato, no sea que os traiga alguna desgracia. Yo no soy supersticioso, pero por si me encuentro con uno siempre llevo unas bolitas de comida gatuna, solo como mera precaución.

Y respecto al Cuervo, pues es un genial poema cuyo análisis ha derivado incluso en ensayos publicados, tal es su importancia. Y como figura simbólica, su significado también es distinto según cada cultura, pues algunas lo consideran signo de mal augurio y mensajero de la muerte, mientras que para otras es sinónimo de gratitud y amor.

Yo si veo uno no le voy a tirar una piedra, pero desde luego no voy a abrir la ventana y dejar que entre, como el protagonista del poema, no sea que quiera quedarse como inquilino agorero permanente.

Mi recomendación es que no paseéis de noche por la Calle Morgue, no sea que tropecéis con gorilas rabiosos, gatos negros o cuervos parlanchines.

Felices sueños…

Weird Tales Edgar Allan Poe

Portada para Weird Tales, obra de Virgil Finlay

Sobre el Autor

Vicente Ruiz Calpe

Vicente Ruiz Calpe

«Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae». Drácula Biografía: Vicente Ruiz Calpe, alias Eihir. Amante de la literatura, cine, cómics, bandas sonoras y todo lo que se tercie, apasionado del mundo pulp y escritor aficionado. Colabor...
  • Excelente artículo, Vicente, una vez más. Diría que el pulp no hubiese sido lo mismo sin las aportaciones de Poe, de haber nacido unoc cunatos años más tarde, a saber de qué hubiese sido capaz. Creo que en la época de la Hammer y la Amicus hubo infinidad de películas de relatos en las que, de una manera u otra, siempre salía alguno de este autor. La memoria me falla, pero estoy convencido.

  • Gracias Emilio, la verdad es que Poe fue uno de los pioneros del género del misterio y del terror, y sus relatos han sido adaptados muchas veces al cine. Si hubiese escrito en la edad dorada del pulp, imagino que sus personajes hubiesen sido detectives enfrentados al terror de ultratumba, como Lovecraft pero sin los mitos de Cthulhu ni los Primigenios. Un saludo! :o

  • Un artículo maravilloso y bastante completo. Siempre es una delicia leer los apuntes de nuestro querido Eihir.:)

  • Muchas gracias Jose Luis, esperando con ganas tu nueva obra que seguro será genial. Un saludo! ;)

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