Portal Oscuro

Portal Oscuro: Menú Principal

Portal Oscuro: Menú de acceso rápido para versión online. Versión integra en formato ebook: Amanecer Pulp 2015

Presentación | Inicio Aventura | Personajes | Escenarios |Documentos

Portal Oscuro

Portal Oscuro. Versión online. Fase EI23

EI23

Desde vuestro improvisado escondite percibís todas las maniobras que realiza la nave, desde que zarpa hasta que se sumerge, a la orden de... ¡INMERSIÓN!

Ahora te encuentras en lo que parece un diminuto compartimiento del sumergible, puede que específico para el almacenaje de provisiones, donde a duras penas cabéis Lucy y tú, espachurrados entre las cajas que se os vienen encima y que tratas de contener sobre tu espalda.

Cuando todo parece tranquilo abres un par de dedos la puerta tras la que te ocultas, echas un vistazo y compruebas en efecto que todo está en orden.

—¡Vía libre! —le indicas a Lucy.

A hurtadillas, y rezando por no ser vistos, continuáis a lo largo del pasillo central en dirección a la proa. De inmediato alcanzáis el puesto de mando. Allí, repantingado en un sillón auxiliar, os topáis de bruces con el teniente Wittmann, quien parece estar más interesado en un vial de color naranja que en vosotros mismos. Os mira y sonríe, mientras tratáis de esconderos, lo cual no deja de ser cómico. Allí dentro no hay escondite que valga, y mucho menos una vez que habéis sido descubiertos.

—¡Vaya, tenemos dos ratas a bordo! —susurra el teniente Wittmann, mientras se inyecta una dosis de esa extraña sustancia naranja que refulge en la penumbra—. Me alegro de que estéis aquí, os lo digo en serio. Ahora seréis testigos del resurgimiento de una nueva era: ¡El Cuarto Reich!

Una sonora carcajada recorre todo el casco del submarino, justo cuando además el oficial se inyecta una segunda dosis, por si acaso. Entonces, horrorizados, contempláis su transformación. Recuerdas a Ronin, y eso te estremece. Echas mano de tu arma, pero no puedes hacer nada. Dos marineros en los que no habías reparado, y que se sitúan justo detrás vuestra, abortan tu impulso.

En primera fila, no os queda más remedio que disfrutar del espectáculo. El cuerpo de Wittmann se sobredimensiona, lo que hace reventar los botones de su casaca; seguidamente, su piel adopta un fortísimo color anaranjado al tiempo que sus piernas dejan de existir, dando lugar a lo que parecen seis poderosos tentáculos con funciones tanto motrices como prensiles. Tras un respiro, un grito de agonía; a lo que sigue una cubierta de espinas que comienzan a salpicar todo su cuerpo. Sin embargo, lo que más te cautiva a la par que te horroriza, es su cerebro, que comienza aumentar de tamaño, rebordeándole el cráneo, abierto de par en par. Y no es que lo veas, y por ello tanto tú como Lucy tengáis ese sentimiento de repudia, sino que lo sientes; lo sientes dentro de tu cabeza como un dolor que os aguijonea a ambos, impidiéndoos tomar gobierno de vuestros actos. De hecho, a una indicación del oficial, sentís como vuestros captores dejan de reteneros, pues ya no son necesarios. El control mental que Wittmann ejerce sobre vosotros hace el resto.

Sí, estáis perdidos, pero Wittmann no tiene intención de mataros, al menos por ahora. Su megalomanía necesita de público, y tú ahora debes representar tu papel. Sin embargo, algo sucede. Un marinero corre por los pasillos lanzando gritas y proclamas. Está aterrado, y está dando la voz de alarma. Se acerca al oficial, y esto es lo que le dice:

—Her Wittmann, el operador acaba de detectar una señal, está confirmada. Tenemos un acorazado yanqui en ruta. Vienen directo a por nosotros.

—¿Un acorazado? —replica el teniente.

—Sí, señor. Es un Clase Iowa. Según nuestra base de datos es el USS Vergent. Nos interceptarán de un momento a otro.

Nada más escuchar estas palabras, estas mágicas palabras... ¡USS Vergent!, un halo de esperanza recorre todo tu cuerpo, aún atenazado por los designios de Wittmann. Sabes que dos y dos son cuatro, y no tardas en realizar los cálculos. Solloway era un perro del OSS, y no podía estar solo en algo tan gordo. Ese acorazado de la Clase Iowa no está allí por casualidad, sino para reventar la jodida isla y mandarnos a todos al infierno con sus cañones de dieciséis pulgadas si la cosa se ponía fea. No existe bestia más mortífera en la historia bélica de los mares que un acorazado de la Clase Iowa, y ahora lo tenéis justo encima de vosotros, dispuesto a saludaros con un buen surtido de cargas de profundidad. Además, conoces muy bien al cabronazo de su capitán, el capitán Sullivan, capaz de lo que sea con tal de salirse con la suya. En Guadalcanal muchos de tus compañeros murieron por fuego amigo, pero ahora no es momento de resentimientos, sino de alegrarse, y terminar con la pesadilla, aunque para ello debas morir. Nosotros, y toda la humanidad, te estaremos eternamente agradecidos.

Sin embargo, el teniente Wittmann no semeja preocupado en lo más mínimo.

—¡Armen los TPG! —ordena.

—¡Oh, no! —susurras. Recuerdas tus relatos pulp; sí, los TPG, los Torpedos de Protones Gamma.

Minutos más tarde, cuando comienzan a explotar cargas de profundidad a vuestro alrededor, en vez de ordenar inmersión, el teniente ordena justo lo contrario. Emergéis a una velocidad inédita y, antes de que el acorazado utilice sus cañones de superficie, las toberas del U-X7 lo tienen a tiro.

—¡Fuego el uno! —ordena el teniente.

Segundos más tarde, una terrible explosión que sacude todo el océano pone al acorazado en órbita, o poco menos.

—¡Blanco confirmado! —se apresura a observar un marinero, jactándose de la hazaña.

Continúa: Pincha aquí

  • No se han encontrado comentarios

S5 Box

Login

S5 Register