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Pulps en España. 1900 -1940

Los Pulps en EspañaSpanish pulp science fiction. Artículo de Jess Nevins acerca de la evolución de los pulps en España

Para todos los habituales de esta web, Jess Nevins no necesita presentación. Dentro de la serie de artículos que está publicando en la revista especializada io9.com acerca de cómo evolucionó la literatura pulp en diferentes países,  precisamente coincidiendo con un momento crítico de la historia, ahora le toca el turno a España. Todos estos articulos tienen en común los regímenes totalitaristas, y la II Segunda Guerra Mundial como telón de fondo.  En artículos anteriores, a los que me remito, hemos hablado ya de Alemania: Pulps, Nazis y Ciencia Ficción; Rusia: Russian Pulp. Los Pulp en la Unión Soviética; y Japón: Revistas Pulp Japonesas. Los Pulps en Japón.

Así, Jess Nevins en el artículo titulado Pulp Science Fiction in Spain, Before And During Totalitarianism, nos acerca en primer lugar, algunas pinceladas acerca de lo que podríamos considerar como proto pulp, o periodo literario de ciencia ficción anterior a la efervescencia pulp del siglo XX. Si bien en España no hemos contado con nombres propios de trascendencia similar a Julio Verne, el siglo XIX de nuestra literatura no fue ajeno a la ciencia ficción propiamente dicha, y a vista de la referencia que se cita en el artículo: Encyclopedia of Science Fiction: Spain, contamos con varios títulos que cabe la pena destacar, como son la obra anónima Viage de un filósofo a Selenópolis  (Selenopolis, 1804);   Viage somniaéreo a la Luna, o Zulema y Lambert  (Joaquín del Castillo y Mayone ,1832); Lunigrafía (Miguel Estorch y Siqués, 1857) acerca de los usos y costumbres de los lunícolas, donde el protagonista alunizaba a bordo de un cohete lanzado desde el Himalaya, adelantándose así a la obra de Verne publicada diez años más tarde; Selenia, viaje científico recreativo de descubrimientos en el cielo austral (Aureliano de Colmenares y Orgaz, 1873); Un viaje al Planeta Júpiter: Aventuras del Marqués Belmonte (Antonio de San Martín, 1871); Una temporada en el más bello de los planetas: Viaje romántico a Saturno (Tirso Aguimana de Veca, 1871); El anacronópete (Enrique Gaspar y Rimbau, 1887), una de las obras de ciencia ficción más reconocidas dentro de esta época, y que se adelantaba a la máquina del tiempo de H.G Wells. Además, y entre otros muchos, también cabría destacar la obra Crímenes Literarios (Rafael Zamora y Pérez de Urría, 1906), donde se introducen elementos característicos como los robots, así como los trabajos del periodista Nilo María Fabra (1843-1903), habitual del relato corto, como por ejemplo: Por los espacios imaginarios (1885), Cuentos ilustrados (1895), y Presente y futuro (1897).

Existe la creencia de que apenas se publicaron pulps de ciencia ficción en España antes de la Guerra Civil Española (1936-1939), y mucho menos bajo el gobierno posterior establecido por Franco, delimitando de esta forma un claro punto de inflexión, sin embargo, sí que existieron numerosas publicaciones entre los años 1900 y 1945, coincidiendo así con la efervescencia de la Era Dorada Pulp, a la que, independientemente del régimen político, ningún país pudo resistirse. De hecho, la supuesta diferencia que podría existir entre los pulps publicados durante la Segunda República (1931-1936), frente a los posteriores en plena dictadura franquista, no tiene razón de ser. Sin aclarar los detalles, Jess Nevins sitúa el verdadero punto de inflexión en el año 1929 ¿Por qué?

Periodo de Inflexión. Antes de 1929.

Por regla general la mayor parte de la literatura de ciencia ficción previa al año 1929 se caracterizaba por su extrema formalidad, donde lo que primaba no era el entretenimiento, sino la reflexión, y la calidad artística. La obra titulada La Jirafa Sagrada (1925) del autor Salvador Madariaga, por ejemplo, nos muestra una ficción que se desarrolla en el año 6922, en un país africano: Ebania, donde gobiernan las mujeres. Una sátira utópica que atacaba a la cultura y la política del momento. Esta obra se encuadra entre lo que se conoce como «scientific romance español», un género literario en el cual destacaron junto a Salvador Madariaga, autores como Ramón Pérez Ayala, y su obra Club (1909), así como Luis Araquistáin, con El archipiélago Maravilloso. Todos estos autores componían lo que se vino a denominar «El Grupo de Londres», por su paso por este país, y por el estilo aplicado a las obras, cuya tendencia especulativa y satírica, rezuma ironía británica en cada frase.

Ibáñez Barranquero publicó una novela utópica en 1927 titulada Jerusalén y Babilonia, según la cual, a causa de la irradiación solar la mayor parte del planeta Tierra se vuelve inhabitable, por lo que los españoles deciden crear una República Católica llamada Jerusalén. Otra obra similar, en cuanto a la transmisión de valores o ideales, más allá del entretenimiento, es la titulada Entre Dos Continentes, publicada en 1928 por el autor Jesús R. Coloma. Una vuelta de turca más en lo que a la ficción especulativa se refiere, en este caso mostrándonos una unión entre España y Portugal para formar los Estados Unidos de Iberia. El objetivo de esta unión es construir un túnel bajo el Estrecho de Gibraltar, con la que salir al paso de una eventual confrontación o guerra santa entre los musulmanes del norte de África, y los católicos de los Estados Unidos Ibéricos; enfrentamiento auspiciado por una conspiración sionista. El mensaje de esta obra es claro, advertir al lector de los peligros que suponen musulmanes y judíos.

Sin embargo, tal y como apuntábamos unas cuantas líneas más arriba, a partir del año 1929 esta visión crítica y formal de la ciencia ficción cambió por completo. El entretenimiento tomó las riendas de la industria y se dejaron de publicar obras serias, y la única excepción memorable en este sentido fue “Guerra en la Estratosfera” (Salvador Mestres, 1937); una sobria adaptación en formato comic de la obra de H.G. Wells Shape of Things to Come (1933). Lo más usual en estos años fueron obras como las de Jesús de Aragón, “Los Piratas del Aire, 1929”, en donde el villano de turno, como no un yellow peril como marcaba la norma, de nombre Abdahalla-Fan, amenazaba a toda la India con su dirigible en forma de dragón. Este villano, con la ayuda de su copiloto, un gorila, raptan a una bella damisela inglesa, obligando al héroe a perseguirlos hasta su base, en el monte Everest. Resulta obvia e inequívoca la diferencia de argumentos entre las historias más profundas anteriores a 1929, y las genuinamente pulp, posteriores a esta fecha. Fue entonces cuando surgieron los comics, las tiras ilustradas, y como no, los pulps, al igual que sucedió en el resto del mundo. El autor del artículo establece el año 1933 como el de inicio para la industria del comic pulp, estableciendo los periodos 1930-1934 y 1941-1946, como los más importantes para el género.

Los comics SiFi como profesión

Aunque hubo algunos escritores antes de 1929 que abordaron la ciencia ficción con la regularidad que se precisa para que una actividad pueda ser considerada como profesión, resulta difícil hablar de este género antes de la fecha indicada. Cabe destacar la excepción de José Elola, militar de carrera, quien bajo el seudónimo “Coronel Ignotus” logró alcanzar la nada desdeñable cifra de 70 novelas, realizando así una de las primeras aventuras serializadas, y que se publicaron entre 1918 y 1935. Esta serie nos traía las aventuras  de Mari Pepa (María Josefa Bureba), puro Space Opera, y del bueno. Nota: Los datos que ofrece el artículo de Jess Nevins acerca de José Elola, por lo que he podido contrastar, no son del todo correctos, así que no los he traducido.

El guionista de comic José Canellas Casals invirtió gran parte de su carrera con varias series de comics, como son “Los Vampiros del Aire (1933-1934)”, acerca de una banda de criminales que utiliza aparatos de vuelo de alta tecnología, “Zimbra y los Dragones Humanos, 1938”, sobre un científico que revive tras un periodo de animación suspendida para luchar contra una raza de alienígenas: Los Hombres Dragón, junto con la serie “Mario del Mar (1941-1942)”, sobre un inventor español que desarrolla un submarino de avanzada tecnología para llevar a cabo toda suerte de aventuras.

Otro autor destacable dentro de esta etapa del pulp español, en este caso dibujante de comics,  fue Francisco Darnis, que al igual que Canellas Casals, cuenta en su haber con importantes series a destacar. Hablamos de aventuras dentro del tópico pulp “razas perdidas”, como son  “Las hazañas de Nick, Pecho de Hierro (1933-1936)”; o  "En Busca de un Mundo Perdido, (1934-?)”, así como romances interplanetarios al más puro estilo space opera  “Tom, el Dominador del Universo (1934-1935), hasta historietas de ciencia ficción de lo más extraño: "El Vampire Polar, 1940-1941”, sobre un par de exploradores españoles que usan un submarino tipo Nautilos para luchar contra un vampiro alienígena, cuya base de operaciones está instalada en el Polo Norte. Sin embargo, Darnis pasaría a la historia por ser uno de los creadores del Comic “El Jabato”, junto con el guionista  Victor Mora, pero esto no ocurriría hasta el año 1958, lo cual se sale del periodo comprendido en el presente artículo.

Dentro del último periodo, uno de los pulps más populares que vieron la luz bajo el régimen de Franco, fueron las aventuras de Roberto Alcazar y Pedrín (1940-1976), cuyos guiones en su mayoría, fueron escritos por José Jordan Jover, antiguo comandante del ejército republicano. Este pulp serializado traía aventuras de todo tipo, desde civilizaciones perdidas, pasando por villanos estilo yellow peril, hasta gorilas asesinos como King Kong.

España, al igual que el resto de países que se vieron involucrados en la efervescencia pulp a principios del siglo XX, no fue ajena en modo alguna a las influencias exteriores, incluso a pesar del aislamiento cultural y económico que se estableció a partir del régimen de Franco.  Para más información acerca de cómo se desarrolló la literatura pulp en Europa, remitimos al lector a estos dos artículos: Revistas Pulp Europeas Parte I; y Revistas Pulp Europeas, Parte II. Sin embargo, el caso de España fue muy significativo. A diferencia de países como Alemania o Rusia, donde las influencias de los pulps americanos alentaron toda una producción de pulps propios, a mayores de las traducciones, y cómo estos pulps fueron abducidos por las diferentes ideologías políticas que se hallaban en el poder a efectos partidistas, en el caso de España se puede observar cómo estas influencias extranjeras, más que favorecer un desarrollo propio, lo que hacen en convertirse en modelos a imitar; por lo que en vez de hablar de influencias, según Jess Nevins, en España habría que hablar de absolutas imitaciones (abierta queda la polémica): «Spanish science fiction was imitative rather than original».

Todas estas imitaciones de los pulps americanos tenían como única pretensión el entretenimiento puro y duro, dejando a un lado otro tipo de intenciones, especialmente tras la fecha indicada como punto de inflexión, el año 1929. Pulps con aspiraciones filosóficas, científicas o políticas, como es el caso de El Hijo del Dr. Wolffan (1917), del autor Manuel Bedoya, acerca de la creación de un hombre artificial como el Frankenstein de Mary Shelley, donde se criticaba el progreso científico y las políticas de gobierno (Reinado de Alfonso XIII), serían rarezas difíciles de encontrar en los pulps venideros, que ya no mostrarían demasiado interés por este tipo de cuestiones.

Si bien en España existió una tímida pero contundente ciencia ficción literaria a lo largo del siglo XIX, con obras que se adelantarían a los trabajos de Julio Verne y H.G. Wells, con títulos como los ya citados al principio de este artículo, y donde las tramas giraban en torno a romances planetarios y viajes en el espacio, hubo que esperar a que estos tópicos se consagrasen en otros países a través de la conocida efervescencia pulp (fundamentalmente Estados Unidos, Gran Bretaña, y Francia), para que en España comenzase una producción masiva de dichos tópicos, pero siempre desde la óptica de la imitación. Un claro ejemplo lo tenemos en las aventuras pulp protagonizadas por niños, muy populares en España a partir de 1930, justo después de que este tópico cobrase relevancia en países como Francia. Así, el autor español Marc Farell escribió el pulp Un Viaje al Planeta Marte, una serie de 24 números publicados entre 1933 y 1934, acerca de dos chicos españoles que viajan en un cohete a Marte en persecución de La Banda de los Tres Tigres. De la misma forma, el tópico pulp del detective especializado en lo sobrenatural, y donde uno de los más populares y reimpresos en toda Europa fue el pulp anónimo francés de 1909  Sar Dubnotal (se cree que fue escrito por Norbert Sévestre), tuvo su réplica en España en los pulps Kram, El Hipnotizador #1-8 (1930-1931) y Khun Zivan, El Terrible #1-16 (1932-1933).

Una de las prácticas habituales en los pulps europeos fue lo que se conoce como «crossover ficcional», recurso literario que vio la luz en la Era Dorada Pulp, y que desde entonces no ha dejado de acompañarnos, extrapolándose a toda la cultura del ocio en general. Este recurso consiste en aunar en una misma trama personajes de diferentes series, bien del mismo autor, bien de autores diferentes, alimentando así la imaginación del lector que solía preguntase… ¿Qué sucedería si…? En la actualidad, ejemplos sonados de crossover ficcional lo tenemos en títulos como Aliens Vs Predators, o Freddy Contra Jason, los cuales responden a estrategias de marketing claramente deudoras de la cultura pulp original. De esta forma, era una práctica muy común encontrarse con pulps europeos en los que diferentes personajes de renombre, como podrían ser Sherlock Holmes, Nick Carter, o Nat Pinkerton, apareciesen en una misma trama. Uno de los autores más destacados en Europa respecto a los crossover ficcionales fue el danés Niels Meyn. Y en lo que respecta a España, dicha tendencia fue igualmente imitada. Uno de los crossover más activos vino de la mano de Arizona Jim, un sheriff que protagonizó más de 250 números entre los años 1929 y 1942, y en lo que, entre otros, compartió equipo con Sherlock Holmes, se batió en duelo con Fu Manchu, e incluso llegó a capturar el Nautilus del Capitán Nemo. Los crossover ficcionales siempre han sido uno de los tópicos pulp más demandados por el público.

La mayoría de estos pulps españoles que surgieron en la década de los treinta eran como decimos imitaciones, y solían basarse en personajes concretos de contrastado éxito en Estados Unidos, como eran Buck Rogers o Flash Gordon, y entre los ejemplos que podríamos citar tenemos pulps como "El Universo en Guerra" (1935-1937) de Jaime Tomás; “Barton” números #1-5 (1941-1942) de Edmundo Marculeta; “Doctor Brande” #1-3 (1943), de Victor Aguado; “Ray de Astur” #1-7 (1943), de R. del Villar; “Escarlata Kondor” (1944) de F. Hidalgo; “Joe Dal” #1-3 (1945) anónimo; y “Red Dixon”#1-6 (1945) de Juan Martínez Osete. Personajes y autores que a día de hoy la mayoría permanecen en el olvido.

José Canellas Casals, uno de los autores más conocidos de esta época, tampoco fue ajeno al fenómeno. Uno de sus pulps, “Mack Wan” números 1 a 20 (1933-1934), trata sobre un vigilante enmascarado al estilo Edmond Dantes (Alejandro Dumas), y probablemente similar a El Zorro. También el pulp Javier Montana #1-20 (1940-1941) guarda estrechas similitudes con el personaje Brick Bradford, un personaje de comic space opera americano escrito por William Ritt. Entre los pulps más conocidos tenemos a “Hércules” ( #1-6, 1942-1943), obra del autor Manuel Vallvé López, acerca de un héroe bilbaíno clavado a Doc Savage, uno de los personajes pulp por excelencia. Otras versiones castizas de personajes archiconocidos son, por ejemplo la obra de F. Hidalgo, titulada “La secta de Tong-Khan”  (#1-2, 1943), donde Tong-Khan es la versión española de Fu Manchu. Asi mismo, Guillermo Sanchez Boix creó “El Murciélago” (#1-6, 1943), a imagen y semejanza de Batman; Enrique Pertegas a Ultus, nuestro Tarzán, (Ultus, Rey de la Selva #1-14, 1943); y Guillermo López Hipkiss tres cuartos de lo mismo con su personaje Yuma, la versión española de La Sombra (The Shadow), en la publicación Yuma (#1-14, 1943-1946); lista que podríamos concluir con El Capitán Misterio, obra de Emilio Freixas, réplica del personaje popular americano The Phantom. El Capitán Misterio se publicó entre los años 1944 y 1949. Es evidente, por contrario de lo que pudiese parecer, que la industria de los pulps bajo el régimen de Franco, y sobre todo cuando en Europa comenzaba a languidecer a causa de la II Guerra Mundial, sí que fue una industria boyante, al margen de la censura que impidió la publicación de pulps fuera de tono.

Aspectos curiosos de los pulps españoles

Dentro del artículo de Jess Nevins éste sea probablemente el aspecto más interesante, pues nos traslada la opinión que tienen de nosotros y de nuestra literatura pulp al otro lado del espejo. He tratado de traducir todo este artículo de forma rigurosa, sin introducir, ni valoraciones personales, ni datos a mayores, por lo que incluso es posible que muchos de los datos ofrecidos contengan errores, pero así lo creo conveniente. De esta forma, Jess Nevins destaca a modo de conclusión una serie de puntos extremadamente significativos según los cuales el desarrollo de los pulps en nuestro país fue, digamos… “especial”.

Primero, la localización de las aventuras. Al margen de aquellas que se basan en localizaciones completamente ficticias, la práctica común de los pulps europeos es utilizar cualquier ciudad de su país para desarrollas las historias, por lo que no es extraño encontrarse con ambientaciones en ciudades grandes como Berlín o New York, así como otras en pequeños pueblos, sin embargo, las historias españolas por lo general únicamente contemplaban como localizaciones a Barcelona, Bilbao, Sevilla, y por supuesto Madrid.

Segundo, y probablemente el punto más controvertido de todos. Los pulps españoles, a diferencia de otros como los alemanes o los rusos que llegaron a utilizarse como folletines propagandísticos de las diferentes ideologías en el poder, estos eran completamente asépticos y ajenos a las promulgas del régimen de Franco, dato que seguramente a más de uno le podrá sorprender, pero ahí está. De todas formas, esto tiene sentido, y tal como explica Jess Nevins, tras la Guerra Civil Española, la fuerte censura impidió que publicasen contenidos incómodos o críticos, lo que hizo que la gran mayoría estos pulps fuesen únicamente de entretenimiento. Además, antes de la Guerra Civil Española, durante el periodo de la Segunda República, tampoco es que hubiese muchas de estas publicaciones claramente volcadas en tomar partido por ideologías de izquierda o derecha. Una vez concluida la guerra no hubo un solo pulp basado en la Guerra Civil Española, ni para criticarla (algo obvio, a ver quién se atrevía), ni para celebrarla. Tan solo hubo uno que hizo alusión de forma indirecta, y ese es Yuma, de Guillermo López Hipkiss, según el cual la trama se desarrollaba en una España en la que nunca había tenido lugar la Guerra Civil. Tampoco se llegó a publicar nada que utilizase como argumento la Segunda Guerra Mundial, desarrollándose así la literatura de ficción española al margen de la situación política en los países vecinos.

Por último, Jess Nevins resalta la visión futurística de los autores españoles que aplicaban a su ciencia ficción. Desde extrañas utopías como la Jerusalén y Babilonia del escritor Barranquero, a las típicas distopias, entre las que destaca la novela Rinker (1933), de Agustin Piraces, donde un tirano domina La Tierra en el año 2000; el comic La ciudad Aérea (1935-1936) de Riera Rojas, una historieta serializada sobre una ciudad flotante y héroe aviador; y El Espectro (#1-4, 1944-1945), de A. Olle Bertran, donde los países de Europa Central se han unido en una tiránica Confederación de Estados del Danubio, con Hungría como último reducto.

Arizona Jim

Nota personal: Tal  y como hemos ya explicado este artículo es una traducción, por lo que he tratado de mantenerme al margen de las consideraciones, y tampoco he comprobado la mayoría de los datos, entre otras cosas porque no resulta fácil. La mayoría de las veces una simple búsqueda en google es totalmente inútil, ya que apenas arroja resultados, sobre todo cuando tecleamos los nombres propios de algunos de los autores que cita. De todas formas, un apunte sí que dejo: Cuando el autor habla de imitaciones, y no de influencias ¿hasta qué punto se podría establecer esa diferenciación con respecto a otros países? ¿Dónde acaba la influencia, y dónde empieza la imitación? No acabo de verlo claro, cuando repasamos la evolución del pulp en otros países. Por desgracia, de todas estas publicaciones que se citan, no he visto jamás una en mis manos, así que tampoco puedo opinar con rigor.

¿Y qué pasó después de 1940?

Esto ya sería otro artículo, y no precisamente corto. Si bien la era dorada pulp finalizó con los años cuarenta, en España resurgió con fuerza con títulos como la space opera de La Saga de los Aznar, del escritor Pascual Enguídanos, así como otras muchísimas publicaciones en novelas baratas, donde escritores tan conocidos como LaFuente  Estafania, Corin Tellado, Silver Kane, o Curtis Garland, hicieron la delicia de muchos de nuestros padres y abuelos, auspiciados por sellos editoriales como Bruguera, en un claro intento de revivir el pulp clásico. Pero como decimos, esa ya es otra historia

Fuente: Pulp Science Fiction in Spain, Before And During Totalitarianism

Sobre el Autor

Emilio Iglesias

Emilio Iglesias

Escritor empedernido, capitán de ésta y otras aventuras, dirige como puede RelatosPulp.com
  • Reconozco que de todos los títulos mencionados en este imprescindible artículo solo he leído a Roberto Alcázar y Pedrín, el resto nunca los había oído mencionar. Muy interesante el apunte sobre la imitación y la influencia, ahora que está muy de moda en el mundo del cine las palabras "remake" y "revisión". En mi época colegial, simplemente se diría "copiamonas". :p

  • Muy buen artículo!

    :)

  • Gracias, chicos. Vicente, a excepción de los dos o tres nombres más conocidos, el resto jamás en mi vida había oido hablar de ellos. Y sí, no sé hasta que punto es válido hablar en otros paises de influencias, y en el nuestro de imitaciones, pero no puedo opinar sin ver unos y otros. ;)
    Saludos

  • Invitado - antonio guerrero gonzalez

    No conozco ninguna de las obras que el autor referencia, pero no me sorprenden las conclusiones a las que llega. Yo soy de la opinión de que, en efecto, en este bendito país jamas hemos tenido unos referentes fantásticos y populares propios. Si, en el libro capital de nuestra cultura (el Quijote) se dice claramente que la lectura de las novelas de Caballerías -el pulp de la época- es la reponsable de sorberle los sesos al hidago, si todavía se oye que este tipo de entretenimiento o de cultura es novela, o comic, o cine de "evasión", como si buscaramos escapar o negar el mundo real, como un pobre adicto a las drogas... España está pegada al terruño y a la "realidad" y la fantasía es cosa de niños o de débiles mentales.
    Encuanto a que la novela popular de despues de la guerra, no hacía propaganda política del régimen es muy discutible, pero ese es otro tema.

  • Tienes razón Antonio, y lo más curioso es que si intentas buscar info en google de muchos de los autores que se citan en este artículo, de la mayoría apenas encontrarás cuatro o cinco lineas. :(
    Un saludo!!

  • Pues yo tengo un cómic de Roberto Alcazar y Pedrín, La radio diabólica. Recuerdo que mi padre tenía una colección de esos cómics de los 40 que se hicieron añicos con el paso del tiempo y por su mala calidad. También recuerdo un Batman español, Murciélago, que lo acompañaba su joven Robin. Algunas imágenes tengo, pues pintarrajeaba todos los cómics y mi padre dibujaba vaqueros para divertirme, con un trazo inconfundible a sus cómics de infancia
    En el cómic, sé de buena tinta, que más de 800 títulos se forjaron a partir de los años 30 hasta los 50, algunos copias y otros muy originales. Lástima que esté en el olvido tanto material y solo queden algunos valientes que recogen tesoros de la memoria española.
    Yo pienso que a quien le gusta el Pulp, no entiende de barreras, pero un vistazo a nuestras espaldas nos dirá que este país no apoya mucho a sus autores de ficción. :)

  • Sí, el comic del murciélago era de Boixcar, sale en el artículo. Yo creo que muchas de estas novelas y comics se habrán perdido para siempre. Yo guardo con bastante celo la mayoría de los que he usado en mi infancia juventud (mortadelos, don mikis, etc), pero ni mis padres / abuelos tenían poco interés en conservar estas cosas, o sí, pero siempre en baules bajo una gotera, y al lado de un nido de roedores, así qué... ¡conserva bien lo que tengas! ;)

    Comentario editado por última vez entre hace cerca de 5 años y Emilio Iglesias
  • No sabía donde postear esto, así que lo meto aquí con permiso del webmaster. El caso es que en uno de esos días lluviosos que no sales de casa, la luz de casa va y viene impidiendo el buen funcionamiento del PC, y el ereader electrónico lo tiene la novia para leer una de esas novelas de Federico Moccia o similares, pues resulta que no sabía que hacer. Miro en el desván de los recuerdos y me encuentro con las viejas revistas de terror. Rufus, Creepy y Vampus. Eso si que era pulp del bueno, y mezcladas con historias del extranjero habían también de autores españoles. Terror en viñetas y relatos, complementados por aquellas inmensas portadas a color. ¡Que tiempos! :)

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