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¿Qué le sucedió a Alfred Lowenstein?

En las siguientes líneas hablaremos de todo un clásico dentro de la Serie Negra, solo que esta vez, los hechos que se relatan son absolutamente veraces. A día de hoy, la extraña desaparición del millonario Alfred Lowenstein sigue siendo un verdadero misterio, y puede que la verdad jamás se sepa.

«El 4 de julio de 1928, un avión privado despegó de la pista de Croydon, el mayor aeropuerto comercial de Inglaterra, con destino a Bruselas. A bordo se encontraba el financiero belga Alfred Lowenstein, uno de los hombres más ricos del mundo. Cuando el avión aterrizó, el genio financiero ya no se hallaba a bordo. En algún lugar sobre el canal de la Mancha, a una altitud de más de 1.200 metros, Alfred Lowenstein había desaparecido sin dejar rastro. ¿Había sufrido un desafortunado accidente y se había caído del avión? ¿Fue asesinado? Su desaparición, teniendo en cuenta que tenía numerosos enemigos y una gran fortuna, resultó profundamente sospechosa. Hoy en día sigue siendo un misterio» (Canal Historia)

¿Quién fue Alfred Lowenstein?

Nacido en 1877, y educado en Bruselas, Alfred Lowenstein pronto se convirtió en uno de los hombres más poderosos de principios del siglo XX. Su especialidad eran los negocios financieros, una profesión que aprendió de su padre, el cual, a causa de una serie de crisis que afectaron a la bolsa de Bruselas, acabó en bancarrota. Le correspondió a Alfred saldar la deuda de su familia, y lo hizo arriesgando el poco dinero que le quedaba en una empresa de transportes brasileña que se encontraba en serias dificultades.

Su estrategia era la de buscar empresas con problemas, adquirirlas a precios de saldo, y luego reflotarlas. Así, su brillantez financiera le llevo en poco tiempo a dirigir el monopolio que controlaba la red de transportes, energía y alumbrado de Brasil, llegando incluso a ramificarse por toda Sudamérica. Sin embargo, la floreciente y próspera carrera de Lowenstein se vio truncada por el estallido de la Primera Guerra Mundial.

En agosto de 1914 el ejército alemán entró en Bélgica, y Lowenstein voló a Londres, junto con su mujer Madeline y su hijo Robert de cuatro años, en busca de refugio. Allí se alistó como voluntario, e inmediatamente le dieron el rango de capitán. Llegó a ser intendente, y fue el responsable de organizar las provisiones de las fuerzas belgas, lo que supuso para Lowenstenin una excelente oportunidad de hacer negocios. Compraba y vendía grandes cantidades de alimento, y esto le reportó un importante beneficio económico. Una vez concluida la guerra, su capital había aumentado de manera significativa con abultadas cuentas bancarias por todo el mundo. Ahora, asentado en la capital londinense, y con los bolsillos repletos, se dedicó a los negocios a gran escala; a codearse con lo más granado de la sociedad, y disfrutar de todo tipo de lujos y extravagancias, como las carreras de caballos.

Lowenstein era un hombre inmensamente rico, y su bellísima mujer Madeline, junto con su hijo Robert, disfrutaban con un ritmo de vida, que la mayoría de las personas solo podía soñar. Sin embargo, a medida que aumentaba su poder, también lo hacia el número de enemigos. Uno de ellos, el más enconado, fue Henry Drifuss, de la British Celanease, a quien conoció en un principio como socio, cuando Lowenstein decidió apostar por el negocio de la seda artificial, pero pronto las cosas se torcieron entre ellos.

Corría el año 1928…, Lowenstein planeaba denunciar a su enemigo Henry Drifuss por un caso de difamación, y, según se rumoreaba, contaba con pruebas definitivas que provocarían la ruina de Henry. Pero los hechos tomaron un nuevo rumbo…

¿Qué le sucedió a Lowenstein?

Eran las seis de la madrugada del 4 de julio de 1928. El flamante automóvil Hispano-Suiza condujo a Lowenstein al aeropuerto de Croydon; el aeropuerto comercial más importante de Inglaterra. Allí aguardaba un Fokker F7, un avión trimotor adquirido recientemente y que había diseñado a su gusto con todo lujo de detalles. Era como una oficina volante que incluso contaba con un lavabo completo.

Con él viajaban dos secretarios; Arthur Hodgson, secretario y confidente; y su ayudante de cámara Fred Baxter. A los mandos, Donald Drew, antiguo piloto de la Imperial Airways —todo un “guaperas” con fama de mujeriego—, y como copiloto el mecánico Robert Little.

El avión privado Fokker F7 se dirigía rumbo a Bruselas, Bélgica. A bordo, el financiero belga Alfred Lowenstein, uno de los hombres más ricos del mundo. Poco después del despegue, mientras volaban a una velocidad de 110 nudos y a una altitud de 1200 metros, en algún punto sobre el Canal de la Mancha, Lowenstein desapareció sin dejar rastro. Cuando el avión aterrizó en suelo francés, el mago de las finanzas ya no estaba a bordo. Lo que ocurrió fue un misterio.

Según las declaraciones, en algún momento del vuelo sobre el Canal de la Mancha, Lowenstein se encontró indispuesto, y abandonó la cabina principal —su oficina—, donde estaba acompañado por dos secretarios mecanógrafos, junto con su confidente Arthur Hodgson y su ayudante de cámara Fred Baxter. Fue directo al lavabo, situado al fondo de un pasillo, junto a la cola del avión. Pasados diez minutos, Fred Baxter, alertado por la ausencia, acudió al lavabo para averiguar como se encontraba su patrón. Llamó a la puerta, pero no hubo respuesta. La sorpresa fue mayúscula al comprobar que no estaba. La tripulación registró frenéticamente el pequeño avión, que se aproximaba rápidamente a la costa francesa, pero Lowenstein había desaparecido.

¿Dónde estaba Lowenstein? ¿Se había suicidado? ¿Abandonó el avión en pleno vuelo? ¿Se tiró en paracaídas, y quizás algún barco lo recogió? ¿Todo era un plan para evadirse de algún asunto turbio? O… ¿Fue asesinado por sus compañeros de vuelo? ¿Hablamos entonces de una conspiración? ¿Acaso lo abdujeron los extraterrestres? ¿Era Lowenstein un alienígena y decidió regresar a su planeta?

Todo sucedió muy rápido. La costa francesa se les echaba encima, y aunque el aeródromo más cercano tan solo estaba a cinco minutos de distancia, el piloto Donald Drew, decidió aterrizar de inmediato en la playa, e iniciar la búsqueda por si mismo. ¿Por qué?

La playa era territorio militar, y enseguida llegó la policía francesa haciendo todo tipo de preguntas. Donald les contó lo que había sucedido, pero tardó más de media hora en revelar la identidad de Lowenstein. La policía decidió trasladar el avión a un hangar próximo e investigarlo a fondo. Pero a las 24 horas la policía abandonó el caso, concluyendo que era demasiado extraño y misterioso.

Puesto que Alfred Lowenstein se perdió en aguas internacionales, ni la policía francesa, ni la belga, ni la británica, estaban dispuestas a llevar el asunto más lejos. Una vez se conoció la noticia, el mercado de valores cayó dramáticamente. Se calcula que en la bolsa de Londres se perdieron 50 millones de euros en un solo día, y los efectos se sintieron en toda Europa, llegando incluso hasta Wall Street, como el preludio de su gran Crack; el Crack del 29.

Tal y como cabría esperar, se desataron todo tipo de rumores y especulaciones. Nadie sabía si estaba vivo o muerto. El caso era muy extraño, y no existía ni el más mínimo rastro de su cuerpo, supuestamente perdido entre las frías aguas del Canal de la Mancha.

De todas las hipótesis, hubo una que se alzó sobre las demás. ¿Se habría equivocado Lowenstein de puerta al salir del lavabo? Según las declaraciones del piloto, Donald Drew, el diseño interior del Fokker podría haber sido el culpable de la desaparición.

El lavabo estaba separado de la cabina principal por un pequeño vestíbulo. Al salir del lavabo, Lowenstein tenía dos puertas: una a su derecha para regresar a la cabina principal; y otra, justo enfrente, para salir del avión. ¿Podría haberse despistado, y optar por la segunda? De haber sucedido esto, el ruido del motor se habría escuchado en la cabina, y según las declaraciones, nadie lo percibió. Además, ¿Cómo vencer la resistencia del aire al abrir la puerta de salida sin darse cuenta? Abrir esa puerta por accidente, era imposible. Entonces… ¿mentían? Si Lowenstein fue asesinado… ¿Quién fue el asesino?

No cabe duda, estamos ante el típico planteamiento de la Serie Negra; de ese estilo que tan popular se hizo en aquellos pulps detectivescos, comúnmente llamados «whodunit» (¿Quién lo hizo?).

El primer sospechoso podría ser su viejo y enconado enemigo en el mundo de los negocios, Henry Drifuss. Sin embargo, el experto en aviación William Norris, quien investigó el caso, e incluso llegó a publicar un libro en 1987 que se tituló “El hombre que cayó del cielo”, sugirió otras teorías.

Según los estudios de Norris, tanto el suicidio como el accidente, no tenían ninguna razón de ser. Era imposible abrir la puerta exterior sin que el resto de la tripulación lo advirtiese, lo cual probaba que habían mentido. Todos mentían.

Algo que le resultó muy sospechoso a Norris fue el hecho de forzar un aterrizaje en la playa de Saint Paul, habiendo un aeródromo a tan solo cinco minutos. ¿Tenían algo que esconder?

En los días siguientes a la desaparición, el piloto Donald Drew ofreció varias entrevistas a los medios, y algunas resultaron muy contradictorias. En las investigaciones de Norris, y, según sus conjeturas, el piloto Donald Drew era la clave de todo el asunto.

Poco después de la tragedia, su esposa Madeline, encargó una investigación, para que, a falta del cuerpo, se pudiese emitir un certificado de defunción, y así poder acceder al testamento. Todo el proceso fue muy rápido, y los testimonios de Donald Drew, en los que afirmaba que la puerta de salida del avión tenía un grave fallo en su mecanismo, se dieron por válidos, cerrando el caso. Sin embargo, la mayoría de expertos coincidían en que la puerta de un Fokker F7 era imposible que se abriese por accidente. Opiniones que nunca fueron tenidas en cuenta.

Los testimonios de Donald Drew fueron esenciales, aunque todo el mundo desconfiaba de ellos. Pero como la policía francesa no investigaba el caso como si fuese un crimen, el juez belga encargado del asunto, poco podía hacer desde un punto de vista legal, a pesar de que las sospechas eran más que evidentes. Aun así, se negó a conceder el certificado de defunción a Madeline Lowenstein.

Madeline y su hijo Robert de 18 años esperaban ansiosamente mientras la herencia permanecía suspendida en la cuerda floja. Había mucho dinero en juego, probablemente la mayor fortuna de principios de siglo.

Sin embargo… los hechos se precipitaron.

A los 15 días de la desaparición, un pescador francés encontró el cadáver de Lowenstein flotando boca abajo en el Canal de la Mancha, cerca de la costa. Curiosamente tan solo vestía calzoncillos de seda, calcetines de seda, y zapatos. Se realizó la autopsia por petición de la familia. Se determinó que no había sido envenenado, y que todavía estaba vivo cuando impactó contra el agua. Los rumores de asesinato se disiparon rápidamente, y por fin se pudo leer el testamento.

Dos días después fue enterrado en Francia, en una sepultura sin nombre, y con la ausencia de su mujer, quien no acudió a los funerales por estar demasiado agotada.

Nadie tuvo interés por seguir las investigaciones, y su mujer, tan solo deseaba olvidarse cuanto antes y disfrutar de su nueva vida. Fue como si a nadie le importase demasiado lo que pudiese haberle sucedido a Alfred Lowenstein, pero era evidente que aquello no era ni mucho menos un caso resuelto. Algunos expertos, como William Norris, trabajaron sobre la reconstrucción de los hechos, y lo hicieron desde el punto de vista del asesinato.

Para Norris, Lowenstein había sido asesinado, y el crimen, sencillamente quedó impune. Según sus estudios ¿hubo una conspiración entre la hermosa viuda Madeline, y el mujeriego Donald Drew? ¿Eran amantes? ¿Los millones de la herencia compraron el silencio de los demás? ¿Qué sucedió exactamente a bordo del Fokker F7?

La verdad, nunca se supo; y si hubo un crimen, fue, sencillamente, tan absurdo como genial.

Nota: Este documental lo he visto hace unos días en Canal Historia, y es, como la mayoría de su especie, un verdadero placer. Me gustaría poder subirlo, y así compartirlo con todos vosotros, pero como no quiero meterme en problemas, no lo haré. Por desgracia, y aunque este canal, “Canal Historia”, dispone de un sistema de pago por visión en su web, lo cierto es que no he podido localizarlo. Es más, incluso siendo un video bastante difundido, pues no solo se emitió en este canal, sino que también se pudo ver en Odisea, y Bio, la realidad es que no he logrado dar con él. Curiosamente, si lo buscamos en “libre” descarga, gracias a google no tardaremos ni unos segundos en encontrarlo. En fin… si alguien quiere ver este video, no lo tendrá muy difícil.

Sobre el Autor

Emilio Iglesias

Emilio Iglesias

Escritor empedernido, capitán de ésta y otras aventuras, dirige como puede RelatosPulp.com
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