Análisis

Las manos de Orlac

Eihir revisa para nosotros un clásico de la literatura y el cine de terror: Las Manos de Orlac, y además uno de los tópicos pulp más icónicos: los Mad Doctors; es decir, científicos chiflados

Una vez más traemos a nuestros queridos lectores una obra clásica pero que indudablemente ha tenido una gran influencia posterior sobre muestra amadaLiteratura Pulp. Las Manos de Orlac es una novela publicada por entregas en 1920, cuyo autor fue Maurice Renard, y que contiene una mezcla de géneros como son el policiaco, el terror, los «Mad Doctors» y ciertos trazos de romanticismo. Muchos críticos consideran esta obra como el inicio de un subgénero en sí mismo, al que podría denominarse como «Body Parts» o partes del cuerpo. Así que preparaos y apagad las luces mientras saboreáis este artículo y sujetáis vuestro lector con las manos...; si es que estáis seguros de que son vuestras propias manos.

Las Manos de Orlac (1920, Maurice Renard). Novela

Maurice Renard (1875-1939) fue un escritor francés especialista en los géneros de fantasía, ciencia ficción y novela policiaca, lo cual se deja notar en Las Manos de Orlac. De entre sus cualidades destaca su maestría a la hora de hibridar géneros (como en el caso que nos ocupa), y su prosa se maneja muy bien tanto en la ciencia ficción (con homenajes a H.G. Wells o Gustave Le Rouge), como en el género policial (con influencias de Poe y Maurice Leblanc) o la fantasía y la aventura (emulando a Ponson du Terrail o Jules Verne). Y en casi toda su obra se puede observar como intenta acercarse con sutiles pinceladas al horror gótico clásico, conformando lo que él mismo acuñó como «le roman merveilleux» (la novela maravillosa).

Dentro de la literatura francesa se le considera un gran clásico, con ese estilo propio tan transparente y ágil que caracterizó a los folletines antecesores del pulp, muy cercano a compatriotas suyos como los creadores del villano Fantomas, Pierre Souvestre y Marcel Allain. Pero sin duda lo más destacable de este escritor es hacer creíble lo imposible, transformando los elementos fantásticos en una trama siempre realista y cercana al lector.

El argumento de la novela trata sobre el prestigioso pianista Stephen Orlac, el cual es víctima de un accidente de tren, lo que le acarrea una grave lesión en la cabeza y le priva de sus prodigiosas manos. El famoso cirujano Cerral le trasplantará las manos de un asesino recién guillotinado por lo que Orlac se irá sumergiendo poco a poco en una obsesión enfermiza que le hará preguntarse si no se ha convertido en un Mr. Hyde con tendencias criminales. Tras sufrir alucinaciones y hundirse en la depresión, su esposa intentará salvarlo mientras ambos son víctimas de una extraña conspiración. Los misterios y los crímenes irán aumentando en torno a Orlac hasta el clímax final de la historia, donde se revelará la verdad.

Esta narración fue en su día muy original, pues el tema de los trasplantes en la cirugía de la época aún era algo más parecido a la ciencia ficción que a la auténtica realidad. La ética médica y científica, los problemas de conciencia por poseer partes del cuerpo de una persona, las obsesiones personales y el amor auténtico como puente de salvación para el protagonista, son algunos de los temas que tan cuidadosamente retrata Renard en su obra cumbre. Tuvo tanto éxito esta novela que en poco tiempo se realizó su primera adaptación oficial al cine, a la que seguirían otras tres más, además de múltiples obras derivadas (donde el protagonista sufre siempre el trasplante de alguna extremidad u órgano, a cargo del típico personaje pulp del científico loco).

Como apunte recalcar que el término «orlac» francés se traduce como amor loco, obsesivo, referencia que no es casual y que se verá mejor en la segunda de las adaptaciones de la novela, la de 1935.

Las Manos de Orlac (1924, Robert Wiene). Película

Una de las joyas del cine expresionista mudo de la época, aunque quizá un escaño por debajo del terrorífico Nosferatu de Murnau o de la bizarra Metrópolis de Fritz Lang. La película contiene todos los elementos del auténtico buen cine, desde una magnífica dirección, una soberbia interpretación, y por supuesto una brillante puesta en escena. Sin embargo peca de excesivamente larga (son casi dos horas y eso es mucho para una película muda) y quizá con veinte minutos menos hubiera quedado perfecta. Aun así es absolutamente recomendable para todo aquel que le guste este tipo de cine.

La película adapta a las maravillas la trama de la novela original, con el pianista Orlac que sufre un accidente de tren y pierde sus tan preciadas manos. Un médico le implanta las manos de un asesino que acaba de ser decapitado, y Orlac va sintiendo paulatinamente como sus nuevas extremidades dominan su voluntad y lo impulsan a cometer crímenes. La única manera de impedirlo es dominar sus miedos y vencer ese influjo diabólico. Esta es la premisa principal del film, la dramática lucha entre el poder de las manos y la fuerza de voluntad del pianista, escenificado por un imponente Conrad Veidt en el papel de Orlac. Cuando el progenitor del pianista es asesinado, Orlac queda convencido plenamente de su maldición, a pesar de que científicamente dicho influjo no es posible debido a que las manos únicamente son carne, huesos y nervios.

Al final de la película se descubre que su situación simplemente es una enfermedad mental, fruto del trauma de poseer unas partes del cuerpo que no son las suyas propias. Así, cuando Orlac descubre que la persona decapitada a la que originalmente pertenecían las manos era inocente, volverá a recuperar el control sobre ellas y la maldición se terminará.

El film tiene varias lecturas, y si bien la principal es el descenso al abismo del protagonista, cuya cordura se pone a prueba a partir del trasplante, existen otras tantas igual de interesantes. Podemos encontrar la trama de la estafa, plasmado con ese chantajista que se disfraza de supuesto asesino resucitado utilizando unas prótesis, y que emplea unos guantes especiales con las huellas falsas para inculpar al protagonista. También observamos una parte romántica, con la joven esposa de Orlac intentando hacer todo lo posible por ayudar a su marido (magnífica la actriz Alexandra Sorina). Y por supuesto, aunque en menor medida, está el dilema moral del cirujano encargado del trasplante, aunque aquí con un papel muy secundario. Pero ante todo estamos ante una historia dramática más que una película de terror.

Sobre el director, recalcar que Wiene estuvo detrás de grandes películas de la época, como El Gabinete del Doctor Caligari (1920) y Crimen y Castigo (1923). Y en cuanto a Conrad Veidt, el protagonista Orlac, participó en films clásicos como El Gabinete del Doctor Caligari, El Hombre Que Ríe (1928), El Ladrón de Bagdad (1940) o Casablanca (1942).

  • Lo mejor: La actuación de Conrad Veidt, brillante en todas sus escenas.
  • Lo peor: Tal vez una excesiva duración.
  • La secuencia: La escena del accidente de tren, muy bien hecha para la época, con todas esas personas corriendo asustadas y buscando rescatar a las víctimas.

Las Manos de Orlac (1935, Karl Freund). Película

Para mí la mejor de todas las adaptaciones de la obra original, independiente de su cercanía o alejamiento del planteamiento literario. Pero la combinación del director de La Momia (1932) con la participación del gran actor Peter Lorre es demasiado explosiva como para que no se tenga en cuenta. El resultado es esta imprescindible obra de arte, una película impecable que narra los mismos hechos que su anterior adaptación pero con un estilo distinto, toda una lección de cómo debe hacerse un remake digno. Freund sale victorioso en su apuesta por apoyar la trama en el personaje del Doctor Gogol (brillante Peter Lorre) en lugar de sobre el pianista Orlac, recalcando el comportamiento obsesivo del cirujano por la actriz casada con el pianista.

Por ello el título original de la película, Mad Love, amor loco, le va como anillo al dedo, más si recordamos que así es como se traduce el término francés Orlac.

El argumento del film es el mismo, con Orlac sufriendo la amputación de sus manos tras el accidente. Pero en esta ocasión tenemos un elemento nuevo, el extravagante Doctor Gogol, que con esa mirada de loco nos dice desde el primer momento que está obsesivamente enamorado de la esposa de Orlac. Aquí si tenemos el arquetipo pulp del científico chiflado, que se encuentra en su salsa cuando el objeto de su deseo morboso acude en su ayuda para salvar las manos de su marido. Gogol tratará de utilizar sus recursos para incriminar a Orlac en el asesinato de su padre, y así quedarse con la chica, pero su plan sale mal y tiene consecuencias nefastas.

Aquí la cuestión que se plantea no es el hundimiento psíquico de Orlac, sino la obsesión desmedida de Gogol, con su complejo de Pigmalión sobre Galatea con la estatua de cera. El villano es pues el protagonista de la función, y Peter Lorre se come con patatas al resto del reparto con toda una lección de cómo se debe actuar. Curiosamente, en la escena final se observa que en realidad la teoría freudiana sobre el comportamiento del subconsciente es errónea, puesto que Orlac sabe utilizar los cuchillos con la misma habilidad que poseía el dueño original de las manos.

No sería justo olvidarnos de los papeles de Colin Clive como Orlac, actor conocido por haber sido el Doctor Frankenstein de las dos primeras películas de la Universal; ni tampoco de Frances Drake como la mujer de Orlac, actriz que intervino en películas como Los Miserables (1935) o El Rayo Invisible (1936).

  • Lo mejor: Peter Lorre, magistral en el papel de Gogol, el cual le sienta como un guante. Su intensa mirada de locura obsesiva produce un temor profundo, que nada tiene que envidiar a la legendaria mirada de Bela Lugosi, otro actor que destacó por el mismo factor.
  • Lo peor: Tal vez el personaje secundario de la anciana ama de llaves borracha, que intenta dar un toque de humor al film que no es necesario. Aparece demasiado.
  • La secuencia: La escena del Dr. Gogol en la mesa de operaciones intentando salvar a una niña. A Lorre solo se le ven los ojos, pero con eso ya logra transmitir su estado mental. Las visiones que sufre y las voces alucinatorias que escucha en su mente ayudan a conformar su descenso total a la locura.

Las Manos de Orlac (1960, Edmond T. Gréville). Película

La versión sesentera de la novela de Maurice Renard es la más floja de las cuatro, sin duda. Y eso pese a contar con un excelente reparto, con estrellas como Mel Ferrer (Los Caballeros del Rey Arturo; Scaramouche), Lucile Saint-Simon (No Dispares contra Mí; El Último Cuarto de Hora) o el ilustre Christopher Lee (Drácula; La Momia).

Aquí lo que falla es tanto la dirección como la adaptación argumental, puesto que además de alejarse bastante de los hechos originales toda la película parece ser una serie de secuencias sueltas carente de un hilo central que las sustente. El director no tuvo su día con esta película, esa es la verdad.

A destacar la interpretación de Ferrer como Orlac, aquí objeto de un chantajista muy bien encarnado por Lee, si bien la trama no es para nada convincente y en algunos puntos se convierte en ciertamente aburrida. De hecho, es la pobreza del conjunto lo que deja al espectador con cara de haber sido engañado, con efectos visuales muy torpes (el vendaje del protagonista, la resolución de algunas escenas como la del accidente, o alguno de los decorados) y ciertas situaciones que casi se asemejan más a la comedia que a una película de suspense (como la escena donde Lee se acerca al protagonista disfrazado como el asesino, con las prótesis).

Un film al que le falta chispa y fluidez, con bastantes incoherencias argumentales que terminan sacando de quicio al espectador.

  • Lo mejor: Mel Ferrer y Christopher Lee, que hacen lo que pueden dentro de lo que el director y el pobre argumento les permiten.
  • Lo peor: El conjunto final, que deja la sensación de oportunidad perdida.
  • La secuencia: La escena de Orlac dando su primer concierto tras sufrir el accidente. Tras recibir por correo los supuestos guantes del asesino, las alucinaciones provocan el fracaso estrepitoso de Orlac. Muy bien Mel Ferrer en dicha escena.

Hands of a Stranger (1962, Newt Arnold). Película

Como la adaptación anterior fue bastante floja, tal vez por ello dos años más tarde se hizo esta otra versión. Lo que más llama la atención son tanto el cambio de nombre de los personajes como mucho de los elementos, si bien una vez más tenemos a un afamado pianista que sufre un accidente (esta vez en taxi) y a un cirujano que le coloca las manos de otra persona (en toda la película nunca se llega a saber de quién son dichas manos).

Sobre el director, destacar que su película más memorable sea tal vez la divertida Allan Quatermain y La Ciudad Perdida del Oro (secuela de Las Minas del Rey Solomon, protagonizadas ambas por el gran Richard Chamberlain). De entre el reparto la única cara conocida es Paul Lukather, que encarna en la película al doctor que realiza el experimento, y que participó en varias series y películas como Starky y Hutch, El Fugitivo, Misión Imposible y otras muchas.

El mayor cambio respecto a las versiones anteriores es que, al serle trasplantadas las extremidades de un asesino, éstas le obligarán a cometer actos criminales empujándole hacia el sendero de la venganza. Las víctimas de su ira serán el conductor del taxi que provocó el accidente, el cirujano que realizó la operación y su propia prometida.

Destacar que gran parte del metraje se dedica a explicar el proceso de la operación quirúrgica y los posibles efectos nocivos sobre el paciente, además del proceso de recuperación al que debe someterse éste, lo que le da un aire renovado a la misma historia que ya habíamos visto en las anteriores versiones.

  • Lo mejor: Posee un nuevo enfoque argumental, con ese aire de cine negro y crímenes vengativos, además del tema médico que aquí es más consistente.
  • Lo peor: La escena final, con una interrupción donde se ve que ha sido rodada dos veces y luego mal montada. Se escucha un disparo y el protagonista cae al suelo, sin verse ningún revólver ni a nadie empuñándolo. Lamentable.
  • La secuencia: Toda la escena de la visita del protagonista a casa del conductor del taxi, con el niño pequeño invitándole a tocar el piano. Sin duda la mejor parte de todo el film.

Conclusión

Las Manos de Orlac es una historia magnífica, y de todas las versiones yo me quedo indudablemente con la de Karl Freund y Peter Lorre, la cual recomiendo encarecidamente. Por supuesto que existen muchísimas variantes de esta historia, pues el género Body Parts ha sido exprimido hasta la saciedad en multitud de relatos, novelas y películas. Manos, ojos, cerebros y corazones son los órganos típicos que le son trasplantados a los protagonistas, los cuales se comportan (o incluso tienen visiones) como los anteriores dueños originales de dichas partes corporales.

Y ya que hablamos de manos, también aprovecharemos la ocasión para citar el tema de La Mano de Gloria, un amuleto mágico que se empezó a utilizar durante la caza de brujas del siglo XVI, y que autores como Stevenson o Dumas utilizaron en sus relatos. Sin embargo fue el célebre Arthur Conan Doyle el que con su relato La Mano Parda da en el clavo, donde el protagonista se libra del acoso de un fantasma manco hindú dándole una mano nueva (la de un muerto) con la que sustituir a la que perdió cuando estaba con vida.

En cuanto a otros ejemplos cinematográficos, tenemos The Monster Maker (1944), donde un científico lleva a cabo una investigación sobre las disfunciones glandulares inyectando una sustancia de su invención a un pianista, con resultados desastrosos.

La productora británica del cine de terror de los sesenta y setenta, la Hammer, también versionó el mito de Orlac en Las Manos del Destripador, donde la hija de Jack el Destripador continúa la senda de su padre. La influencia del viejo Jack está presente en las manos de su hija, por lo que ésta cometerá una serie de salvajes crímenes mientras un psiquiatra intenta ayudarla.

También podemos citar el film Cuerpo Maldito (1991), en el cual encontramos a un psicólogo que pierde un brazo en un accidente de coche y le es implantado el de un asesino. Poco a poco irá sufriendo trastornos mientras descubre que no es la única víctima de los diabólicos experimentos… Magnífica película de culto, dirigida por Eric Red (guionista de Carretera al Infierno y Los Viajeros de Noche), lo cual se nota en los toques de humor negro y en las dosis de sangre que impregnan esta cinta referente del género.

Otra variante esta vez en tono de comedia negra la podemos encontrar en la película El Diablo Metió la Mano (1999), donde el director Rodman Flender plantea la historia de un joven cuyos padres son asesinados en la noche de Halloween, y poco a poco descubre que su mano derecha ha tenido algo que ver.

Y en cuanto al comic de terror, en la colección The Vault of Horor aparece, en su etapa de 1951, una historia titulada Échame una Mano, que también bebe del mismo género.

Y como la realidad acaba superando la ficción, recordar el caso del que según algunos expertos fue el primer trasplante de mano exitoso. Se produjo el 23 de septiembre de 1998 en Lyon, Francia, a cargo del australiano Dr. Earl Owen y del cirujano francés Dr. Jean-Michel Dubernard. El receptor fue Clint Hallam, un neozelandés que había sufrido la amputación de su extremidad en un accidente con una sierra. Pero esta operación fue considerada un desastre debido al rechazo del paciente, que adujo que el nuevo miembro le provocaba desagradables efectos secundarios (tanto físicos como psicológicos). El desenlace inesperado se produjo el 3 de febrero del 2001, cuando Hallam fue reintervenido para amputarle la mano que le habían implantado 3 años antes.

Y hasta aquí todo lo que teníamos que decir sobre esta fascinante historia de trasplantes de manos, científicos locos, pacientes obsesionados e impulsos inconscientes incapaces de reprimir. ¿Puede más la propia voluntad que el subconsciente de la mente humana? Esta es quizá la pregunta que subyace bajo las Manos de Orlac. Levantad vuestras manos en la oscuridad y mirarlas un instante, mientras intentáis responder a dicha pregunta…

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Película: Las Manos de Orlac (1935, Karl Freund)

Película: Las Manos de Orlac (1960, Edmond T. Gréville)

Película: Hands of a Stranger (1962, Newt Arnold)

Película: Cuerpo Maldito (1991)

Mad Love: Las manos de Orlac

Arriba: Poster de Mad Love; película de Karl Freund, de 1935, basada en la novela «Las Manos de Orlac»

Sobre el Autor

Vicente Ruiz Calpe

Vicente Ruiz Calpe

«Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae». Drácula Biografía: Vicente Ruiz Calpe, alias Eihir. Amante de la literatura, cine, cómics, bandas sonoras y todo lo que se tercie, apasionado del mundo pulp y escritor aficionado. Colabor...
  • El artículo está genial. Una vez más cine y literatura haciendo de las suyas, y no tenía mucha idea de todo esto. De todos los títulos que citas la única peli que me suena, y que sí he visto hace poco, es la de Cuerpo Maldito. De Las Manos de Orlac no recuerdo haber visto ninguna versión. Tendré que ponerme al día... ¡Vivan los Mad Doctors!

  • Un gran argumento el del autor Maurice Renard, versionado innumerables veces. Echad un vistazo a la de Peter Lorre como Doctor Gogol, es genial. :o

  • Como siempre Eihir, un artículo magnífico, interesante y bien documentado.

  • Muchas gracias compañero! ;)

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