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BIOCAM

Cyberpunk Pulp Tales. El autor Dan Aragonz nos ofrece otro de sus relatos distópicos

BIOCAM

Oyó una explosión que provenía de la calle, y se quitó el casco-visor con que monitoreaba la ciudad. Un espeso olor a neumático quemado entró en la habitación. Booper trabajaba como vigilante de punto para la empresa de seguridad Biocam, observando el comportamiento de los habitantes a través de cientos de cámaras conectadas a su visor. Se transportó sobre su silla electrónica hasta la ventana, observó cómo decenas de manifestantes marchaban fuera del departamento social de ciborgs. Uno de ellos trataba de escalar el muro de la dependencia, pero fue derribado por una granada magnética, lanzada por uno de los policías que custodiaba la zona. Los brazos del manifestante hicieron corto circuito, desprendiéndose de sus hombros y golpeándose contra el piso. Una mujer con piernas biónicas se acercó a socorrerlo, mientras trataba de esquivar el tóxico humo negro que se apoderó del lugar.

—¿Por qué protestan estos tipos ahora? —Pensó Booper que observó el movimiento social volverse más tenso cuando llegó en apoyo un vehículo policial blindado.

—¡Pagamos por implantes funcionales, no somos animales! —Gritó la mujer que apenas podía respirar, mientras otro manifestante la ayudó a arrastrar al herido algunos metros.     

Trataron de reinsertarle los implantes, pero los esfuerzos fueron inútiles. La tecnología que recibía la policía en materia de defensa por parte de políticos, se volvía cada vez más poderosa.

—¿A qué se debe tanto desorden en este sector?—Preguntó Booper por radio, a un informante que divisó cerca de la manifestación.

—Que fácil te ganas el dinero allá arriba, amigo. —Dijo una voz ronca, gastada por el alcohol y los cigarrillos baratos que recibía de vez en cuando.

—Ya me las pagarás vago de mierda. —Rezongó Booper, que sólo podía mover ciertas partes de su cuerpo, como la cabeza y los brazos. La mayoría de sus acciones las  ejecutaba su silla electrónica.

—Roban dinero como todo el mundo, pero está permitido por la ley —Respondió el informante que soltó una risotada irónica, que paró cuando lo invadió una tos seca, que no pudo controlar.

—¿Qué demonios quieren esos pobres diablos?—Preguntó Booper que se rascaba la barbilla nerviosamente, como si ver la situación le causara repudio.

—Escuché que planean una revuelta masiva, oficial. —Respondió con una carcajada burlesca que molestó a Booper, que recordó cuando postuló para ser un oficial y una falla de compatibilidad con el sistema operativo de Biocam afectó su espina dorsal dejándole  postrado en esa silla.

—Déjate de tonterías muerto de hambre o terminaras como alguno de ellos. —Dijo Booper, por los ciborgs que eran encontrados desmantelados, en los basureros fuera de la ciudad.

Cortó la comunicación con el espía callejero y vio como la puerta principal de la dependencia social ciborg se abrió de golpe. Los gritos de protesta aumentaron cuando un automóvil negro salió velozmente del lugar. Para abrir camino, la policía lanzó bombas magnéticas que dispersaron a los manifestantes.

Booper pudo ver el rostro de quien iba dentro del vehículo blindado, pero era mejor no meterse con patentes diplomáticas. Explicó la situación  a sus superiores en un reporte detallado y mencionó que enviaran personal antidisturbios. Luego volvió a su trabajo.

***

Después de monitorear un par de horas se desconectó para tomar un descanso. Apagó el sistema electrónico de su silla, concentrándose  unos minutos en intentar moverse por sí mismo, lo que fue totalmente inútil. Dos leves golpes resonaron en la puerta de entrada.

Cuando abrió no vio a nadie, sólo encontró una misteriosa maleta de metal, que estaba tirada junto a su puerta. La transportó con el  brazo mecánico de su silla, sobre sus piernas inmóviles y entró al departamento.

Para su sorpresa, en la maleta había  un arma automática sin número de serie y una nota que llevaba un extraño mensaje.

—¡Si quieres vivir, toma esto y sal de ahí!— Vocifero Booper que no alcanzó a leer el mensaje por completo, cuando escuchó unos fuertes gritos.

—¡Oficiales Biocam! —Gritó una voz grave que vino del pasillo.

Booper velozmente como pudo, escondió la maleta. Tener armas no registradas, era un delito.

Cuando abrió se encontró  a dos oficiales que portaban  armaduras biónicas de última tecnología. Uno de ellos se sacó el casco-visor que llevaba y entró sin aviso hasta la sala, apuntando en todas direcciones, con un radar de calor que llevaba en su brazo derecho.

—Tenemos un registro no identificado en la base central de imagen. —Dijo el oficial que Booper  reconoció, porque también postuló con él, para el servicio de vigilancia nivel secreto.

—En el reporte que envié, especifiqué que tuve contacto ocular con un integrante de la Elite, eso puede ser señor. —Dijo Booper que recordó que cuando te ascienden a oficial te borran la memoria, para no tener recuerdos que desconcentren tu labor como vigilante nivel secreto.

—Necesitamos saber, si tenemos de que preocuparnos o no. —Dijo el oficial.

—Todo funciona sin problemas Oficial. —Respondió Booper seguro de la información que entregó.

—Puede que un peligroso terrorista quiera contactarte por algo que no sabemos —Dijo el oficial que inspeccionaba la sala. Se dio cuenta que la maleta estaba escondida bajo una pequeña mesa. Con su anillo magnético, la atrajo hasta sus manos. Pero dos leves golpes a la puerta lo detuvieron antes de ver su contenido.

—¿Esperas a alguien? —Preguntó el otro oficial, que no alcanzó a esquivar la puerta que se desprendió golpeándole con todo, lanzándolo contra el muro e inutilizándolo por completo.

Booper postrado sobre su silla, miraba en todas direcciones sin poder ver que atacó a su superior. El otro oficial reventó el vidrio al lanzarse por la ventana.

—¡Terrorista encontrado, altamente peligroso! —Gritaba el oficial que cayó por el edificio  dejando antes un dispositivo explosivo en forma de bola de cristal.

Booper asustado miró el peligroso aparato que en cualquier momento estallaría, cuando algo invisible, lo sacó de su silla.  Lo arrastró por la habitación, llevándose también la maleta. Los pocos metros que esa cosa lo arrastro, se multiplicaron en una milésima de segundo, por el fuerte estallido que los dejó bajo los escombros.

Cuando Booper reaccionó, la entidad se hizo visible. Se trataba de una armadura robótica de última generación hecha de algún material súper liviano y resistente. Permitía dar agiles movimientos y proporcionaba fuerza sobrehumana a quien lo portara.

Un helicóptero que llegó en apoyo inmediato disparó con todo a los prófugos que saltaron al vacío. Booper recordó que su último deseo fue volver a caminar antes de morir pero se resignó al ver las dimensiones  del  impacto cuando se azotaran contra el piso. Cerró sus ojos y contuvo la respiración, se desvaneció por la impresión. Antes de ser alcanzados por la ráfaga de disparos de la nave, ambos desaparecieron en el aire, cuando la misteriosa armadura robótica activo su camuflaje, que también hizo desaparecer a su rehén.

***

Recobró el conocimiento, se encontraba tirado sin poder moverse, muy débil. No sabía cuánto tiempo había pasado. Divisó la armadura que lo secuestró que se encontraba vacía, sin su piloto. Como pudo se arrastró con todas sus fuerzas hasta la maleta que estaba cerca, para poder defenderse con el arma que había visto.

Logró abrirla como pudo, pero de nada sirvió, porque una fuerte patada voló sus intenciones. Frente a sus ojos, tenía las piernas más hermosas que había visto en toda su vida. Una mujer desnuda completamente tatuada, de cabellos negros y ondulados, lo había neutralizado.

—Necesito entrar al Flujo central de almacenamiento. —Dijo la Mujer que tomó el arma y le apuntó a la cabeza. Puso en la retina de Booper un extraño aparato electrónico.

—¿Qué demonios es eso? —Preguntó asustado Booper.

Es un lector extractor, sirve para vaciar el  registró ocular que la mayoría de los ciudadanos  lleva en su registro ocular. —Dijo la mujer que traspasaba la información captada por los ojos de Booper a un disco de  almacenamiento externo.

La armadura comenzó a moverse y se acercó hasta la mujer. Una pantalla se desplegó del brazo izquierdo de está proyectando las imágenes que los ojos de Booper habían capturado algunas horas antes.

—¿Qué me han hecho? —Dijo Booper enfurecido tratando de expresar su ira que su inmovilidad no le permitió.

—Estos son todos tus registros desde que llegaste a Biocam —Dijo la mujer  mientras adelantaban las imágenes traspasadas en la pantalla que Booper miraba asombrado.

—No sé de qué hablas —Dijo Booper que intentó moverse, sin conseguirlo.

—Eres un oficial secreto de Biocam, llevas el código en tus ojos —Dijo la mujer que se acercó hasta la maleta y presionó un botón, que abrió un compartimiento secreto, dejando  caer un armatoste metálico con forma de araña.

—¿Qué demonios quieres de mí? —Gritó Booper desesperado.

—Cientos de metros bajo tierra, se almacenan todas las imágenes que captan la mayoría de los habitantes de esta ciudad en un disco duro enorme, sin que ellos lo sepan. —Explicó la mujer mientras la araña mecánica se acercaba a Booper.

El animal mecánico se posó sobre el cautivo. Una barra de metal que giraba en forma de  taladro comenzó a descender velozmente hacia su cuerpo. Booper gritaba sin parar.

—Lo que quieras pero no me mates. —Suplicó desesperado Booper.

El taladro emitió un campo electromagnético, dando leves golpes de corriente que el parapléjico logró resistir.

—Tu señal de Biocam fue bloqueada, ya no podrán rastrearte. Dijo la mujer que de un salto acrobático se reincorporó en su traje cibernético.

—¡Lo juro, sólo soy un vigilante de punto! —Dijo Booper resignado a no poder moverse, todavía con algunos espasmos leves por las descargas recibidas.

—Necesito que encuentres a Merla para detener el caos que gobierna esta ciudad. —Dijo la mujer que presionó un interruptor en el armatoste arácnomecanico, que comenzó a moverse, acercándose a Booper.

La araña mecánica se desplegó de tal forma sobre el cuerpo de este, que no se dio cuenta, como por primera vez en mucho tiempo sus músculos comenzaron a funcionar de nuevo. El exoesqueleto hizo que se pusiera de pie y volviera a moverse ágilmente.

—¿Cómo demonios lo has hecho? —Dijo Booper con una voz fortificada.

—Estamos cerca del mercado negro, no hay tiempo que perder. Debes ir hasta ahí y encontrarla, pero tendrás que entrar solo. —Dijo La mujer con la armadura robótica totalmente ensamblada sobre su cuerpo, que se alejaba tras romper el muro de concreto con un rayo láser que salió de su brazo derecho.

—Puedo moverme a mi antojo, esto es magnífico. —Dijo asombrado Booper, tratando de controlar sus impulsivos movimientos.

—Veamos que tal lo haces. —Dijo  la mujer, que Booper escuchaba por el casco de su exoesqueleto, como si fuera su conciencia que le hablaba.

—Encuentra a  Merla es la única capaz de detener la yuxtaposición de imagen. —Dijo la mujer que cruzó el agujero de concreto que había hecho.

Cuando Booper también cruzó el agujero, se dio cuenta que estaban dentro de una antigua estación abandonada de trenes, por los oxidados rieles y el enorme túnel por donde corría detrás de su salvadora.

—Recuerda, el objetivo es detener la yuxtaposición de imagen. —Dijo ella, que se detuvo y miro hacia el techo a una enorme grieta, que dejaba ver las estrellas en la oscuridad de la noche. Un gancho de acero que salió de su brazo quedó firmemente incrustado en el concreto.

—No te fíes de nadie en el mercado, abre bien los ojos. —Dijo la Mujer que se transportó por el cable de acero hacia el exterior en segundos, logrando salir del túnel.

Booper la siguió sin calcular el impulso, con un gran salto por el agujero que lo separaba del exterior. Cayendo de golpe con algunos leves rasguños, reincorporándose ágilmente, en busca del rastro de su guía, que le esperaba atenta a lo que sucediera.

—De aquí en adelante debes seguir solo, te esperare aquí. —Dijo la mujer que activó su camuflaje óptico y desapareció.

—¿Cómo te llamas? ¿Y qué demonios es la yuxtaposición de imagen? —Preguntó Booper que no recibió respuesta alguna.

***

Caminó algunos minutos sobre un campo seco, rocoso, lleno de escombros y chatarra. Se encontró con restos de una gran nave abandonada. Escuchó dentro de la cabina vacía de un Boeing 777 un ruido que cada vez que se acrecentaba más. Cruzó por dentro de la turbina vacía y llegó hasta el otro lado.

Para su sorpresa, se encontró frente  a un lugar plagado de naves desmanteladas. El silencio inundaba el lugar, mientras el viento soplaba en las cavidades huecas de las fosilizadas maquinas, resoplando un grave sonido que hacia parecer que el cementerio de aviones tuviera vida propia.

De entre la chatarra, apareció un pequeño hombre regordete que llevaba una armadura de metal que se acercó a Booper. Era un enano que llevaba en sus manos un frasco lleno de insectos negros muy extraños.

—¿Vienes por comida? —Preguntó el enano que corría alrededor de Booper sin parar.

—No exactamente, busco a alguien. —Respondió Booper.

—Acá puedes conseguir lo que quieras, pero lo que no puedes encontrar en ninguna parte, es mi receta de mermelada de sanguijuelas. —Repetía el enano una y otra vez, mientras escucho el sonido del soplido de un cuerno, que retumbaba en sus pequeñas orejas.

—¿Conoces a Merla? —Dijo Booper.

—No, pero tal vez en el mercado, algún Beguino sepa quién es. Sígueme. —Dijo el enano que se alejó corriendo hacia un avión partido por la mitad, donde desapareció.

Booper se apresuró en seguirlo a paso lento, para no despertar sospechas por su traje exoesqueletico.

El enano lo esperaba al cruzar el aparataje del avión. Booper cruzó y se encontró con cientos de sonidos que provenían de todas partes. Un lugar lleno de puestos de ventas de cientos de cosas que apareció de la nada. Un lugar fantasma en medio de la nada.

—¿Seguro que no quieres comer?—preguntó el enano que destapó el frasco que llevaba en sus manos y dejó caer una sanguijuela dentro de su boca y la saboreó lentamente.

—No gracias —respondió Booper que miraba atento a todos los seres que habitaban el mercado, mientras avanzaba lentamente en busca de Merla.

Logró reconocer a un grupo de policías del  perímetro donde  él monitoreaba como vigilante de punto. Estos llevaban sus uniformes y por su comportamiento se notaba que  trataban de conseguir algo de Recon, la droga más buscada y codiciada en la ciudad. Parecían molestos, porque al parecer no les habían vendido nanotecnología pura.

Seguía atento mirando en todas direcciones, por si sospechaban de sus intenciones ahí. Por su apariencia se notaba enseguida que era un forastero. Un grupo de ciborgs buscaban en un contenedor de basura, entre decenas de implantes en mal estado, alguno que se adecuara a sus necesidades. A Booper le pareció ver al ciborg que había perdido sus brazos en la manifestación

El enano charlaba con un vendedor ciborg que miraba atento cada movimiento de Booper, sin que éste se diera cuenta. Cuando el enano regresó, éste se agacho para oírle.

—Si quieres vivir vete de aquí ahora —Dijo el enano asustado con un chillido espantoso.

—¿Qué ocurre? —Preguntó Booper que miraba fijo  al vendedor.

—Por aquí  no hay nadie con ese nombre, por eso vete de aquí mientras puedas — Dijo el enano.

—¡Qué demonios voy a hacer ahora! —Dijo Booper que se dio cuenta que los movimientos con su exoesqueleto le costaban un poco más que antes.

La voz se corrió rápido por el mercado y todo el mundo se preguntaba qué es lo que ese forastero buscaba, ya que el nombre de Merla era algo prohibido en el  lugar y no querían problemas.

—Me dijo que dentro de su tienda puede haber algo que te interese, pero que a cambio quiere  eso que traes puesto.

—¡De que demonios hablas, eso ni pensarlo! —Dijo Booper que volvió a ver que su armadura perdía fuerza y al parecer se iba a detener por completo en algunos minutos.

—Dijo que conocía a alguien que te podría ayudar a encontrar a Merla. —Dijo el enano que asustado guardaba distancia del forastero, después de que el vendedor le dijo que Merla era una bestia salvaje.

—Si ella no está, no tengo nada que hacer más aquí. —Dijo Booper que se giró para retirarse del lugar.

El enano le hizo unas señas al tipo, que no había conseguido lo que esperaba. Booper se alejó unos metros de regreso a la ciudad, cuando alguien lo detuvo.

—Lena ese es mi nombre. —Dijo la mujer que le encargó encontrar a Merla, que sonó en el casco de su armadura nuevamente, como si fuera su consciencia.

—La energía de la armadura se agota. —Dijo Booper que estaba de pie mientras el enano estaba parado observando que decidía hacer.

—No queda alternativa, cualquier opción es mejor que ninguna. —Dijo Lena antes que la comunicación se cortara, por la falta de energía que presentaba el exoesquelto.

Booper se devolvió y accedió a entregar su armadura, a cambio de conocer a quien podía ayudarle a encontrar a Merla.

El vendedor lo llevó hasta una enorme tienda. Cuando entró vio encerrados en jaulas y frascos a varios animales muy extraños que parecían ser mezclas de distintos tipos de ADN, y que eran vendidos a gente excéntrica de la ciudad, a precios costosos.

El vendedor lo hizo pasar hasta  la parte trasera de la tienda, ahí  a una especie de cuarto secreto de artefactos electrónicos sacó una llave y destapó un gran trozo de tela negro, que cubría una enorme jaula, que quedó al descubierto.

Dentro de la enorme jaula oxidada había restos de comida en el piso y un plato hondo donde quedaban algunos restos de agua que por el tiempo que llevaba ahí, estaba verdosa.

—Quizás esa cosa pueda ayudarte. —Dijo el vendedor que miraba la jaula en busca que la criatura apareciera.

—¿Qué demonios sucede aquí? —Preguntó Booper asombrado al ver a una mujer casi desnuda completamente desaseada que se paseaba en círculos igual que las bestias. Y emitía unos leves rugidos de desagrado al ver interrumpido su descanso.

—Tuve que esconderla aquí, porque en las noches emitía extraños aullidos que asustaban a los habitantes del mercado. Pero después de un tiempo dejo de hacerlo.

— No tengo tiempo  para estas tonterías. —Dijo Booper que se asustó cuando la criatura se acercó rápidamente hasta él e intento agarrarlo sin conseguirlo ya que la esquivo.

Booper se acercó lentamente a la criatura que cuando cada vez estaba más cerca, se dio cuenta que era una mujer que había estado encerrada mucho tiempo y había perdido totalmente la cordura.

—Merla, Merla, Merla —repitió varias veces Booper que se quedó perplejo cuando la mujer salvaje se acercó lentamente a los barrotes de la celda y repitió lo que él decía.

—Merla, Merla, Merla—repetía la mujer mientras se acercaba al fondo de la jaula y con su boca como si fuera un animal, señalaba la maleta que estaba tirada en el piso con el roce de su cabeza.

—Parece que contiene algo importante esa maleta —Dijo el vendedor que introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta para que Booper entrara.

La mujer salvaje se inclinó dentro de la jaula, quedándose completamente quieta.

Booper entró a la celda y se acercó a la maleta, mientras la mujer salvaje estaba atenta a cualquier cosa que sucediera.

Booper abrió la maleta y para su sorpresa encontró una credencial con la identidad de la mujer. En la tarjeta aparecía el nombre de la Doctora Lince Protov. Booper miró bien la foto y se dio cuenta que bajo todos esos ropajes viejos y esa apariencia salvaje estaba la doctora.

La mujer salvaje se acercó lentamente y puso su boca sobre la maleta abierta indicándole un aparato electrónico  pequeño. Y repitiendo varias veces la misma palabra.

—Merla, Merla —Repetía la mujer que se paseaba impaciente por la jaula mientras miraba al vendedor que se acercó a la entrada de la jaula y sacó la llave de su bolsillo nuevamente.

—Esto es lo que busca Lena, un virus de computadora—Dijo Booper mientras miraba el aparato y se dio cuenta que su exoesqueleto no respondía algunos movimientos.

—Ahora tendré dos excentricidades para poder vender o intercambiar por algo. —Dijo el vendedor que se abalanzó a cerrar con lleva la jaula.

La mujer salvaje se echó a correr para impedir que los encerraran, pero antes que se abalanzara sobre el vendedor, este cayó al piso, mientras su cabeza seguía girando en su propio eje. La mujer salvaje olfateo algo, frente a ella se hizo visible la silueta de Lena que se había internado en el lugar sin llamar la atención para nada.

—Debemos irnos ahora ya —dijo la voz de Lena que resonó débilmente en el oído de Booper quien estaba a punto de desmayarse por el cansancio.

—¿Lo logramos? —Dijo Booper a punto de caer  desmayado.

Lena lo sacó de la armadura y lo cargó sobre sus hombros.

—Si logró insertar el virus en la computadora central, ya no habrá más confusión mental en los habitantes de la ciudad. Las imágenes aleatorias que llamas recuerdos, podrán tener un control personal en nuestras mentes y no serán controladas y emitidas por esos sucios políticos. Podremos controlarlas  a nuestro antojo. —Explicó Lena mientras Booper cerró los ojos y se quedó dormido.

AUTOR: Dan Aragonz

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