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Portal Oscuro. Versión online. Fase SA17

SA17

Decidís ir al laboratorio del doctor Gerber y cortar la espina dorsal de la malévola organización aria. Los túneles subterráneos os abren camino a los aullidos y gritos que emergen de la planta inferior de los sótanos. Un descenso a los infiernos.

Tras la doble puerta por donde los soldados traen a los cautivos para los experimentos del científico, hay dos filas de camillas con bultos cubiertos por sábanas ensangrentadas, al fondo tres filas de jaulas contienen diversas formas monstruosas que acechan en la penumbra: las reconoces como variaciones mutadas de animales autóctonos de la isla con sus genes alterados por encimas extraterrestres. Los cabos sueltos comienzan a anudarse.

Parece que en el laboratorio no está el doctor, os dirigís a su despacho con las ametralladoras amartilladas, en silencio, cubiertos por el desenfrenado aullido de los monstruosos mutantes.

Te detienes frente a la puerta, escuchas la voz de Gerber hablando por el interfono y haces una señal a Lucy para que te deje actuar... Sin embargo, sin tener en cuenta tu iniciativa, la esbelta pierna de tu prometida descarga una patada sobre la puerta de madera haciéndola bailar sobre sus bisagras.

—¡Maldito bastardo! —grita Lucy poseída por la furia del momento.

Ella no te ha contado nada sobre los dos días que pasaste inconsciente, ni cómo ha podido escuchar la historia de Gerber a no ser que él mismo la haya pronunciado en su presencia. Una incertidumbre de lo ocurrido queda sepultada bajo la ráfaga de balas que descerraja la cabeza del loco doctor.

Sabes que nada volverá a ser como antes. Que un pozo oscuro se ha abierto en el interior de Lucy Allen, un pozo donde habita el dolor y la venganza.

La descarga de la ametralladora deja una masa sanguinolenta sobre los hombros de lo que era el científico nazi. Sus sesos y trozos de su cráneo pintan un abstracto cuadro sobre la pared, resbaladizo y en movimiento descendente.

Conoces lo suficiente de la intrincada forma de actuar de la mujer a la que amas. Lo mejor es guardar silencio, esperar a que la herida cicatrice; que el tiempo construya lo que aquellos dos días en blanco hayan deshilachado en su cordura.

De repente, el intercomunicador transmite un pitido agudo que te saca del magnetismo silencio. Traduces inconscientemente las palabras en alemán que radian los altavoces, el mensaje te sorprende tanto que al principio no reconoces el nombre que han dicho.

—¿Solloway? —lo repites para que Lucy sea participe de tu sorpresa—. Tienen a Solloway en la salida suroeste. Ese perro viejo es peor que un dolor de muelas. Tenemos que ayudarlo, incluso sabiendo que el muy cabrón nos metió en todo esto sin contarnos el riesgo que corríamos.

En una de las paredes del despacho ves un plano del búnker, recorres con los dedos el trayecto más corto hasta tu destino evitando las zonas de control mientras Lucy abandona el despacho. Tienes memorizado el camino. No puedes evitar echar un último vistazo al cuerpo descabezado del doctor Markus Gerber, sobre su silla; el metálico olor de la sangre se te adhiere al paladar provocándote náuseas.

Al salir del despacho ves a Lucy que está manipulando la maquinaria científica del laboratorio. Varios mecheros Bunsen de metano están amontonados frente a las jaulas donde figuras antinaturales se contorsionan excitadas por su presencia.

—Lucy, tenemos que ir a por Solloway, tal vez nos pueda contar algo sobre como parar esta locura.

—Sí —responde mientras gira el programador del pequeño horno en el otro extremo del laboratorio—, será mejor que nos marchemos de aquí antes de que comiencen los fuegos artificiales.

Los dos abandonáis la sala despedidos por la algarabía de los mutantes. El camino que has memorizado os lleva directamente hacia una de las entradas del búnker, un gran almacén donde entran y salen los vehículos.

Bajo la luz de una de las lámparas eléctricas veis el magullado cuerpo del Capitán Jack Solloway atado a una silla. Un enorme soldado, bajo las órdenes del teniente Wittmann que disfruta del espectáculo a escasos metros, lo está sacudiendo como si fuera un saco de boxeo que escupe diente con cada puñetazo.

Aprovechando la cobertura que os ofrecen las cajas amontonadas en la zona de carga, evitáis los soldados armados que trabajan transportando mercancía al interior de los furgones. Os acercáis lo suficiente para escuchar las palabras del teniente nazi con acento arrastrado.

—Será mejor que nos diga todo lo que sepa de la nave alienígena, capitán Solloway.

Jack Solloway levanta la cabeza esbozando una sonrisa patibularia dirigida al teniente de la SS.

—Las pesadillas que le aguardan en esa nave dejan a su Führer a la altura de un colegial, teniente. Es para mí un placer saber que usted estará presente cuando abran el portal, así sabré que tendrá asegurado su infierno particular antes de perder por completo la cordura.

El gesto de Wittmann activa un resorte invisible en el colosal brazo del sicario que le encaja otro golpe en la mandíbula al prisionero, agitándola como un cencerro.

—Colabore capitán, no tenemos tiempo para cuentos de vieja. ¿Qué hay detrás del Portal Oscuro?

—El-Todo-En-Uno —susurra Solloway— Yog-Sothoth es la entrada.

Después de sus últimas palabras, el capitán del Black Swan se levanta arrastrando la silla entre sus manos atadas a la espalda. La inusitada embestida coge por sorpresa al enorme gorila que lo había golpeado quedándose sin aliento debido al cabezazo en el estómago que lo proyecta hacia el suelo.

Sin inmutarse, Wittmann saca de un rápido movimiento su Luger y dispara dos veces sobre su prisionero.

Solloway, ese maldito perro con malas pulgas, cae muerto, pero antes de expulsar su último aliento logras escuchar unas palabras que para ti suenan incomprensibles:

—El viajero del espacio aún sigue vivo...

La explosión del fondo de los túneles hace saltar las alarmas contraincendios. El laboratorio ha volado en mil pedazos.

Es hora de tomar decisiones. A continuación, tienes 2 opciones:

Opción 1: Sabéis que la carga de esos furgones no puede ir a otro sitio más que al puerto, donde os espera el submarino. Colaros entre el cargamento es una gran idea. Pincha aquí

Opción 2: Aprovechar el desbarajuste ocasionado por la alarma y matar a Wittmann: cortarle la cabeza a la serpiente es la mejor opción para acabar con ella. Pincha aquí

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