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Portal Oscuro. Versión online. Fase SA21

SA21

El amanecer llega como un rayo de luz que se cuela por la tobera de presión. Permaneces abrazado a Lucy sintiendo el calor de su cuerpo latiendo contra el tuyo; ella está casi dormida, parece un ángel. Ahora vestís un par de monos de trabajo con la oscura araña nazi bordada en uno de los brazos. Entre las cajas habéis rescatado de la colección de trofeos de algún mando uno de los famosos subfusiles Sten, con sus característicos orificios en el cañón corto y el cargador lateral. Lucy, sin embargo, tiene en su regazo la mortal PP Sh-41, acaricia su cargador en forma de tambor alojado trasversalmente en su base como si fuera un gato que ronronea satisfecho. Setenta y un disparos de corto alcance capaces de cortar por la mitad a una decena de hombres puestos en fila.

Un ruido metálico de la tobera os avisa de la sumersión. Iluminas el almacén con una linterna de batería requisada de las cajas y prestas oídos a las órdenes que se dan a viva voz en los pasillos adyacentes. Os ponéis en pie y comenzáis a ordenar los demás objetos que habéis encontrado entre paquetes y cajas de madera.

Dos Stielhandgranate M24 de mango largo, un chisquero militar, un pequeño bidón de cinco litros con gasoil mezclado con jabón, varias cajas de tuercas y clavos y una improvisada mecha construida con cordones de zapato bañados en aceite; todo lo anudáis con alambre formando una bomba de napalm y metralla. Un aliado que puede volverse contra ustedes si explota con el submarino sumergido.

Tras unas horas de espera, metéis el artefacto en una mochila de campaña y os aventuráis a salir de vuestro escondrijo. Ahora apenas se oyen los pasos de los soldados por el largo corredor.

Una escalera os lleva a la sala de máquinas.

Los motores en cascada mueven el eje de la hélice bajo un estruendo de titanes engrasados. El olor a maquinaria recalentada y sudor forma pequeñas partículas de humedad al permanecer sumergido el poderoso brazo que hace latir el corazón del submarino. Varios operadores prestan atención a las órdenes que salen de un pequeño altavoz junto al panel de válvulas y manómetros. Ninguno espera encontrarse con el enemigo, y a todos les está prohibido llevar armas de fuego en la nave.

En el lateral de la sala de máquinas hay otra escalera que lleva a la planta superior, todos están atareados pero cualquier intento de cruzar sin ser visto es imposible.

—Necesitamos concentrar su atención en un punto —susurras a Lucy con suficiente fuerza como para que te escuche bajo el fragor mecánico—, tal vez pueda romper uno de los conductos que van a la caldera de presión para crear una cortina de vapor que nos haga invisibles.

Ese brillo en la mirada de tu compañera no traerá nada bueno, pero no tienes opción. Lucy tiene una de sus ideas:

—Se me ha ocurrido algo, tú espera a que yo haga mi parte del trabajo, ¿de acuerdo? Cuando el vapor los ciegue nos encontraremos en la escalera.

Ni siquiera espera a que respondas cuando sale disparada de las sombras y llega a la pared opuesta de donde tú te encuentras, por el camino la ves desabrocharse la ametralladora rusa con una mano mientras, con la otra, descorre la cremallera delantera de su traje hasta la altura de su pelvis. Su piel ilumina el entorno como el lomo plateado de una sirena, y los marineros no pueden hacer otra cosa que atender a su llamada. Como cañones antiaéreos, sus miradas apuntan al cuerpo desnudo de... tu prometida. Un calor enfebrecido asciende a tu cabeza, obnubilando tu mente por un instante, pero sabes que todo es una treta. Hay que actuar o el plan de Lucy terminará en alimento para peces.

Llegas a hurtadillas hasta las tuberías principales, ramales de presión que van desde la caldera hasta los motores de doble etapa. Golpeas una vez, dos veces, golpeas hasta que el tubo se desencaja de su alojamiento, liberando una nube de vapor que silba proyectando niebla a todos los rincones. Lo último que ves son los pechos desnudos de la doctora y su rostro guiñándote un ojo.

A tientas, atraviesas la sala de máquinas hasta llegar a las escaleras. Lucy solo tarda unos segundos más que tú en llegar.

—Los hombres sois tan previsibles —dice mientras sube hasta la planta superior.

Arriba encontráis varios pasillos llenos de soldados, que rodean al reactor nuclear y los camarotes. Llegáis a la sala de torpedos, donde dos hileras de misiles te hacen temblar las piernas. No hace falta entender las iniciales de la Kriegsmarine para reconocer los torpedos de protones gamma, TPG, con los que soñaba el Führer. A pesar de haber entrado sin ser descubiertos, cuatro artilleros están alerta mientras miran las coordenadas fosforescentes que iluminan la pantalla.

¿Qué piensas hacer? A continuación, tienes 2 opciones:

Opción 1: Preparar la bomba entre los torpedos de protones y buscar una salida antes de que todo explote en mil pedazos, incluidos Lucy y tú. Pincha aquí

Opción 2: Buscar a Wittmann y pensar en otro plan para salvar a la humanidad. Pincha aquí

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