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Psychoanalysis (EC Comics, 1955)

Psicoanálisis, cómics, antipsicóticos y literatura pulp ¡toma ya!

Los años cincuenta fueron muy duros. La Era Dorada Pulp había muerto, y mucha gente, al verse privada de su dosis habitual de cutrecina pulposa, de increíbles relatos e historias capaces de retorcerte la médula hasta el infinito, y más allá, sencillamente ¡enloquecieron! Sí, muchos lectores totalmente desnortados se volvieron locos por completo, o quizás ésta es la explicación más sencilla y absurda que se me ocurre para justificar el siguiente artículo, que ya de por sí es lo suficientemente raro como para entenderlo. Hablamos de un cómic, en teoría, como otro cualquiera de los años cincuenta, publicado por EC Comics, solo que en este caso con una temática poco o nada habitual. La publicación se llamaba «Psychoanalysis», y sus contenidos iban justo en esta línea; es decir, el psicoanálisis, sus teorías freudianas y algo de propaganda acerca de los nuevos medicamentos que acababan de salir al mercado; los antipsicóticos. Ya sabes ¡no olvides tomarte la medicación! «Psicoanálisis» es, sobre todo, uno de los comics más curiosos y sorprendentes que se han publicado en el siglo XX; un cómic que toma como base la interpretación de los sueños. Ahora veamos por qué.

Un lector de comics, habituado a la fantasía, el horror y la ciencia ficción, puede que de entrada no se sintiese muy identificado con algo tan específico como las enfermedades mentales, y que a priori debería estar más bien dirigido a un público menos interesado en este tipo de productos, que a los consumidores habituales de relatos pulp e historias de superhéroes. Quizás, por todo ello, la publicación no logró sobrevivir a más de cuatro números, convirtiéndose en todo un fracaso, al igual que otras líneas de publicación con las que experimentó EC Comics en los años cincuenta; algo que no hizo por gusto, sino por necesidad.

Uno de los muchos detalles curiosos que encontramos en esta publicación es la asociación de ideas que subyace a la misma, y como éstas contrastan entre sí. Me explico, si por algo se caracteriza la Literatura Pulp es por su capacidad para desarrollar historias en las que todo vale, pero donde nadie se pregunta por qué sucede una cosa y no la otra. El pulp trabaja las pulsiones, pero no sus motivaciones; la psicología de sus personajes suele ser un punto flaco, y a veces ni eso, pues directamente ni existe; aunque también es cierto que hubo muchos autores de los que sí podríamos deducir estas variables, no tanto de forma directa sino más bien como una traslación de su personalidad al conjunto de la obra, de la que difícilmente se les podría sustanciar. Lovecraft es uno de los ejemplos más conocidos, el conjunto de su obra es muy compleja desde un punto de vista psicológico, pero no por los personajes que dan vida a sus historias, totalmente planos y anodinos, sino por la relación entre el contenido de estas, su universo en torno a los miedos ancestrales, a la insignificancia del ser humano, y la mente del autor. Resulta muy llamativo ese contraste entre los pulps clásicos y, a su vez, la existencia de un nuevo pulp centrado, sobre todo, en aquello de lo que carecen los pulp: la psicología. (Atención, cuña publicitaria: Os recordamos que una de las novelas de nuestro catálogo editorial: «Historias de una Puta Braga» es, probablemente, uno de los pocos ejemplos que existen de psicoanálisis aplicado a la literatura pulp, con mayor o menor acierto, pero ahí queda el apunte. El psicoanálisis es una de las teorías de estudio de la conducta y el comportamiento más controvertidas que existen, y sin duda una de mis favoritas en mis años de estudio, que por desgracia ya quedan un poco lejos. 

Tal y como nos explica David Hajdu, en su más que interesante trabajo acerca de la represión que sufrieron los comics y las revistas pulp de crimen, horror y misterio «The 10 Cent Plague», varios fueron los hitos destacables a tener en cuenta, en los años de la postguerra. Aquellos eran tiempo extraños y, mientras la televisión se convertía en el medio de transmisión de contenido masivos, y la mentalidad de la época tornaba peligrosamente hacia una actitud lo más conservadora y reaccionaria posible, nombres propios como el psiquiatra  Dr. Fredric Wertham, el macartismo, la presión de la iglesia, los agentes comunitarios, y las estadísticas precocinadas que atribuían una relación directa entre la delincuencia juvenil y la lectura de cómics (más o menos lo que hoy se dice de los videojuegos), llevaron a la creación de la Comic Code Authority; y sus «controvertidas» normas de publicación, sobre lo que se podía y no se podía publicar. Os recomiendo la lectura de estos dos artículos acerca de cómo estos pulps comenzaron a ser perseguidos: Pulp. Entre la censura y el pecado; Los papeles secretos de Wertham.

Por ejemplo, títulos de comics o revistas pulp que contuviesen alguna de estas palabras «Horror», «Terror» o «Crime», quedaban totalmente prohibidas, algo que para EC Comics, cuya especialidad era precisamente ésta, le supuso una soberana patada en los dídimos. Sin otra opción que la de cargarse todas sus publicaciones, excepto una, la revista de humor «Mad», donde trataba de sortear el panorama como buenamente podía, comenzó a investigar otras formas de ganar dinero y cumplir con las normas impuestas, fruto de una ferviente doctrina moral que, rápidamente, arrinconó a todas esas publicaciones que se conocen como «shudder pulp», llevándolas a la extinción, casi total y absoluta. Menos mal que, a finales de los cincuenta, aún sobrevivían, como soldados de fortuna, las míticas Men's Adventure, el último icono pulp.

Se establece de esta forma, durante la década de los cincuenta, un contraste generacional entre padres e hijos, y cómo estos, en complicidad con maestros e instituciones públicas, amparados por una nueva forma de legislar, más bien censurar, ponían fin a la carrera profesional de innumerables escritores y artistas, que no podían hacer otra cosa más que observar estupefactos como se organizaban fogatas públicas para quemar todos esos maravillosos trabajos que otrora habían sentado las bases de la cultura moderna (véase como referente la novela de Bradbury, escrita en 1953: «Fahrenheit 451». Algo que resulta muy preocupante, y que nos recuerda a terribles episodios del pasado, como los juicios de Salem y, citando a Mark Twain «cuando te encuentres del lado de la mayoría, es hora de hacer una pausa y reflexionar»; algo que nadie o casi nadie hizo en su momento, prolongándose durante bastante tiempo los años oscuros. Resulta curioso observar cómo hoy en día, buena parte de la cultura ochentera sería duramente censurable; basta recordar algunos anuncios de televisión de la época, algo que debería hacernos reflexionar, no vaya ser que la historia se repita.

A finales de los cuarenta, principios de los cincuenta, nadie quedó a salvo, y ningún superhéroe estaba preparado para luchar contra estos nuevos villanos: los censores. Wonder Woman, una horripilante abominación, una excusa para predicar las prácticas del bondage; Batman, un depravado que a saber qué demonios hacía entre viñeta y viñeta con su pupilo, Robin; y Superman, un peligroso referente que ocultaba la doble «S» en su traje, pero no en lo que representaba, todo un ejemplo de la raza aria. Todo ello, y mucho más, es lo que rondaba en la mente de dichos censores. A este punto, me parece interesante sacar a colación una película que vi hace poco, y que tiene bastante que ver con todo esto, me refiero a «El profesor Marston y Wonder Women (2017)». En esta película se nos relata a modo de biopic las dificultades que tuvo que atravesar el creador de la superheroína Wonder Woman (también, como dato curioso, inventor de el «detector de mentiras»). Un autor con una mentalidad tan creativa como escandalosa, teniendo en cuenta sobre todo lo que, desde un punto de vista moral, estaba por venir.

Siguiendo los preceptos legales del «Senate Subcommittee on Juvenile Delinquency», y del «Comic Code Authority», según los cuales los comics eran la fuente de alimentación de la delincuencia juvenil americana, la editorial EC COMICS buscó nuevas formulas con las que continuar su actividad, y una de sus propuestas fue lanzar un nuevo comic que fuese del gusto y agrado del poder censor y su nuevo orden moral. Hubo varias propuestas al respecto, y una de ellas fue Psychoanalysis (Psicoanálisis), cuyo primer número vio la luz en mayo de 1955. Este comic, ilustrado por Jack Kamen, fue tan revolucionario cómo extraño, y una vez en la calle nadie sabía qué hacer con él. Y no solo eso, sino que los kiosqueros los rechazaban porque, precisamente, llevaba asociado el sello de «Aprobado por la Comic Code Authority»; lo que venía a ser sinónimo de «coñazo absoluto».

En cuanto a la trama del comic, ésta representaba diversas sesiones de diván, todo ello en torno al psicoanálisis y el psicodrama, como decimos, sin la menor posibilidad de éxito comercial. La publicación no sobrevivió más allá de cuatro números, al igual que otras del mismo estilo; demasiado sanas para un público ávido de emociones, por muy aptas que fuesen desde un punto de vista moral. Estas fueron las nuevas revistas dentro de lo que se catalogó como «New Direction»: Psychoanalysis, M.D., Valor, Extra!, Incredible Science Fiction, Aces High, Impact; Incredible Science Fiction.

El comic de Psychoanalysis nos presentaba a un psiquiatra y tres pacientes (Freedy Carter; Mark Stone, y Ellen Lyman), cada uno con un problema distinto y que iremos conociendo en cada uno de los números que se suceden (Ellen no aparece en el cuarto, pues queda curada en el tercer número). La novedad de este comic, al igual que la otra publicación de EC COMICS, dentro de esta nueva política de contenidos (la historieta «M.D»), nos encontramos con una hecho inusitado, y es el enfoque de estos medios hacia temas médicos, la enfermedad y el tratamiento, acercando —o al menos intentándolo—, al público común una realidad tan escondida como era la salud mental. En el caso de Psychoanalysis; sin embargo, ésta fue criticada por su pobreza en cuanto a conocimientos científicos se refiere, limitándose a contar historias banales, estúpidas, siguiendo un esquema muy básico: Primero, la culpa siempre es de los padres; y segundo, todo se puede curar con terapia psicoanalítica y, por último, si acaso, no olvides tomarte la medicación.

Psicoanálisis: Interpretación de los Sueños

Veamos el ejemplo de Ellen Lyman. Su caso dura solo tres números. Se cura en el tercero y en el cuarto ya no aparece. Esta es la progresión (Fuente: Dangerous Minds):

Primer número: Conocemos a Ellen, una chica que padece un grave trastorno de ansiedad, atormentada por un sueño recurrente. En este sueño, según detalla de forma muy precisa, se ve a ella misma cuando era joven, intentando acceder a un jardín que se encuentra cercado por un muro, y donde un hombre escocés, con su falda y todo, no le deja pasar a no ser que supere un examen escrito. Ella suspende el examen, sin embargo, consigue colarse en el interior. Lo que descubre es que allí dentro todo está muerto y estéril.

Segundo Número: Tras conocer el problema de Ellen, el psiquiatra inicia su rutina de tratamiento. Le explica que el sueño significa que ella, cuando era joven, sentía celos de su hermana mayor, y por ello le deseaba que sufriese algún tipo de mal. En este número, Ellen acude a la consulta del doctor desolada, sin esperanza, y le cuenta cómo, tras un incidente en el trabajo, su jefe se deshizo en gritos hacia ella. Esto le recordaba a su padre. El especialista, que no deja de escarbar en lo más profundo de su mente, aflora los continuos gritos que ella tuvo que soportar de él durante la infancia, y como su madre ignoró por completo la situación en favor de su hermana mayor. Durante esta época, Ellen sufrió varios accidentes domésticos que la llevaron al hospital y, al igual que el asma psicosomática de Freddy (otro de los pacientes), todo el problema radica en ella misma, que de esta forma trata de llamar la atención de sus padres, quienes siempre estaban enfrentados. Que sus padres no se quisiesen no era culpa suya, sino porque ellos no se amaban; sin más. «¡Oh, doctor -exclamó Ellen-, siento como si de repente me hubiese quitado un enorme peso de encima»! Y así termina este número.

Tercer número: Ellen Lyman cree que es una chica fea y desagradable, cuando la realidad nos muestra que no solo es bellísima, sino también muy simpática. El especialista, gracias a la interpretación de uno de sus sueños, en el que ella permanece de pie frente a un pasillo, largo y lleno de espejos, logra deducir que la única persona que considera a Ellen como una chica fea, es precisamente ella misma; razón por la cual se encuentra desolada. Esta revelación la devuelve al buen camino, y gracias al tratamiento ya está lista para tener citas, para amar, y ser amada. Finalmente, el doctor la ha curado.

Como podemos ver, la trama resulta muy lamentable. Será políticamente correcta, aleccionadora y moralmente incuestionable, pero aburrida hasta el infinito y más allá; y eso que la idea de un psiconalista (¿de lo oculto?) podría ser una idea súper pulp, y super entretenida, pero así, ¡no! Los años oscuros son muy oscuros, y ahí no se ve nada... ¿quién va a leer en estas condiciones?

Portada del número 1 del cómic «Psicoanálisis»:

Sobre el Autor

Emilio Iglesias

Emilio Iglesias

Escritor empedernido, capitán de ésta y otras aventuras, dirige como puede RelatosPulp.com
  • Que horror, los años cincuenta fueron una pesadilla para la buena literatura de aventuras y pulp.

  • Pues sí, pero al menos los censores, y los psicólogos se pusieron las botas. Por lo visto trabajo no les faltaba ;)

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