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Diez tipos de bloqueos creativos

Bloqueo CreativoUno de los mayores enemigos de un escritor, sea pulp o no, es el bloqueo creativo. ¡Conozcámoslo!

Para un escritor hablar de bloqueo creativo, es algo así como hablar de impotencia o gatillazos, en el momento menos deseado. Un escritor sin imaginación no es nada, absolutamente nada; únicamente un junta letras de pacotilla al que nadie lee, ni como lectura de taza de wáter. El problema es que la imaginación no siempre funciona como a uno le gustaría; es traicionera, esquiva, y confusa. Y cuando esto ocurre, cuando no funciona, ese gatillazo creativo, capaz de echar por tierra nuestras mejores intenciones, tiene una causa, un origen, pero no hay uno solo; hay muchos. Para enfrentarse a un bloqueo creativo lo mejor es conocerlos, tantos las causas, como las soluciones.

En el artículo The 10 Types of Writers’ Block and How to Overcome Them, de Charlie Janes Anders para la web io9.com, se realiza una pequeña aproximación a los distintos tipos de gatillazos creativos, y cómo superarlos. Artículo que ahora traduzco para vosotros, aportando mis propios comentarios. No olvides revisar nuestra sección de ayuda al escritor.

1. El síndrome de la página en blanco. Sin duda el más común de todos los bloqueos, y la mejor forma de identificarlo es revisar el historial de frases escritas y borradas en esa misma página (word), o lo que es evidente, llevas un día entero y sigue en blanco. Ni siquiera has empezado, y la novela ya está terminada, eso sí, mejor ponle por título La Historia Invisible, porque en esa hoja no hay nada, ni lo habrá, y lo sabes, pero te niegas a admitirlo. Esta situación puede deberse a muchos factores, pero casi siempre va unido a una experiencia personal traumática, de frustración, apatía. En definitiva algo que te congoja, y no deja que las ideas fluyan libremente; y si lo hacen, no eres capaz de desarrollarlas. En este caso lo que necesitas es hacer ejercicio mental, y puedes empezar precisamente por ese problema al que no dejas de darle vueltas, y en vez de escribir para olvidarte de él, escribe sobre él, y cuando vayas cogiendo el ritmo, probablemente estés lo suficientemente suelto para poder desarrollar otras ideas que antes se te atragantaban. Este tipo de bloqueos atiende a un problema de agarrotamiento, y la manera de superarlo, es escribiendo sobre cosas cotidianas, cercanas a ti, modificándolas a tu gusto, aunque al final no sean más que un borrador de nada. Entiéndelo como un ejercicio de calentamiento.

2. Tienes demasiadas ideas, y no te decides. Este problema es ligeramente más complejo que el anterior, y atiende a muchas formas posibles. Una de ellas es cuando ante esa indecisión tomas partida por una idea que crees la mejor para tu novela, sin embargo al cabo de un par de hojas te das cuenta que la idea no da casi ni para un relato corto, y sientes frustración. Resulta difícil moverse entre ideas repentinas con gran fundamento, y otras ideas tontas que en cambio te hacen perder tiempo y esfuerzos. Es importante saber seleccionar las mejores y eso no siempre lo hacemos bien. La mayoría de todas estas ideas que no se logran concretar terminan siendo pasto del olvido, y puede que la idea sea realmente buena, pero el problema es que a lo mejor no tienes la experiencia de vida, o la madurez necesaria para desarrollarla. Todas estas ideas que comienzas a trabajar, debes guardarlas, quizás en un futuro te sirvan de verdad. Cuando tienes demasiadas ideas, y ves que ninguna funciona, aléjate de ellas un tiempo, y trata de acercarte desde otra perspectiva. Es probable que las veas de forma distinta, pues durante ese periodo de tiempo tu mente ha realizado ese trabajo de selección que de forma consciente no eras capaz de hacer.

3. Tienes el guión, pero te has atascado: La búsqueda de ideas ya no es un problema para ti; la idea ya la tienes, y además has logrado desarrollarla en un guión o boceto, sin embargo, algún punto en concreto no funciona. Te has atascado, y no sabes qué hacer. Podríamos hablar de dos situaciones:

a. Tu guión es malo, y no quieres admitirlo. En este caso la progresión de las situaciones resulta absurda, e ir de un punto "A" a uno "C", teniendo que repostar gasofa en el punto "B", donde curiosamente, en vez de gasolina ya solo les queda el último disco de Camela, quiere decir que jamás llegarás a "C", por mucho que te empeñes. Y como te pongas a hacer piruetas sinsentido, tu historia ira a peor. Tú verás lo que haces, o la lías mandando a los personajes a pedir gasolina a la casa abandonada, algo que no tenías previsto, o te cargas el punto "B", y dejas de empeñarte en que sea necesario para llegar a "C". Un buen escritor debe saber usar las tijeras mejor que una costurera, pero eso ya lo sabes ¿no?

b. El error más común de los borradores (si es que se le puede llamar error), es que estos únicamente esquematizan los momentos más importantes de la historia, pero no suelen decir nada acerca de la transición que deben experimentar los personajes entre un momento álgido, y el siguiente. Es muy probable que te atasques en una de estas transiciones, y la solución no la tengo muy clara. A este respecto, el autor del artículo original que estamos traduciendo, no me resulta muy convincente, así que, no sabría que decirte. Tú mismo, apáñatelas como puedas. Al menos si ya sabes identificar este problema, ya tienes terreno ganado.

4. Te has atascado en la mitad, y no sabes cómo seguir: El problema de antes no va contigo. Lo tuyo no son los guiones, ni los borradores, ni nada de eso. Eres un crack, tienes una buena idea, y te gusta escribir del tirón, total… El control de la novela no lo llevas tú, son los personajes quienes evolucionan y te dicen qué es lo que va a suceder en el siguiente acto. El problema es que has llegado a la mitad de la novela, y el apuntador se ha tomado unas vacaciones. No tienes ni idea de cómo seguir, y todo el mundo te ha abandonado; hasta la botella de whisky, y era la última. ¿Jodido, verdad? Tómate un par de días, vuelve a leer todo lo que has escrito, y haz un esquema; sí, eso que no querías hacer, pero que al final vas a tener que hacer. Piensa, e introduce nuevas complicaciones en la trama. Mark Twain perdió meses atascado con su Huckleberry Finn, antes de que los personajes Huck y Jim tomasen un camino equivocado junto al rio. Haz lo mismo, imagínate que a tu personaje principal, que acaba de desertar de tu imaginación, y ahora escapa de ella, se topa con una supermodelo cuyo lindo gatito está atrapado en la copa de un árbol, y solo él puede ayudarla. Ya verás cómo ese personaje sabrá agradecerte el detalle. Si no echas leña al fuego, éste se apaga, por lo que tendrás que buscar estímulos contantemente. Y por supuesto, no vuelvas a cometer el error de tener el botellero vacío; eso es un error de principiante.

5. Llevas cien páginas, y te encuentras en un callejón sin salida. Otro error típico por falta de previsión, y peor que el del punto anterior. No es que te hayas atascado a la mitad, es que has ejecutado una serie de decisiones totalmente erróneas, y al final te encuentras en una situación imposible de resolver, y con un montón de trabajo camino del cubo de la basura. Deshacer el camino andado no es fácil, más que nada porque ello supone aceptar que te has equivocado, y asumir la frustración que ello implica. Ahora, todos tus esfuerzos en vez de dedicarlos a la parte creativa, constructiva, deberás enfocarlos a la destructiva. Identificar el punto de inflexión que te ha llevado por el mal camino, y eliminarlo. No basta con poner parches o corregir esto o aquello, pues este tipo de acciones tendrían consecuencias en el avance de la trama que no habrías previsto, y probablemente te veas inmerso en un lio sin solución. Otra cuestión diferente sería el grado de condicionamiento que manejase tu subconsciente para escribir de nuevo la parte a corregir de tu novela, teniendo en cuenta lo ya escrito, como trama paralela.

6. Te has aburrido de tus personajes. Hasta las mejores parejas terminan echándose los trastos a la cabeza. Lo que parecía un porvenir idílico, termina siendo un tormento de reproches, o, simplemente, una apatía sin límites. La diagnosis del problema atiende a diversos factores. Muchas veces uno crea los personajes, pero no tiene una buena historia para ellos; otras veces es al revés. Los personajes para que sean útiles deben hacer algo, así que un buen consejo es que les pongas deberes. Trabaja con ellos durante páginas; páginas de borrador, que te ayudarán a interactuar, y desvelar los verdaderos protagonistas, que quizás en tu primer listado de caracteres, no contaban con la importancia que debieran.

7. El miedo al fracaso, te bloquea. Esto es algo muy común en todas aquellas personas con un exceso de responsabilidad, y con un cierto grado de inseguridad personal; las cuales por el contrario, muchas veces son las más creativas. La autocrítica es totalmente necesaria, y la humildad una de las mejores virtudes del artista. Si a ambas se tuviesen en cuenta, no habría tanto bodrio en los escaparates de las librerías, pero ya sabemos cómo funciona todo esto. Bien, tampoco hay que pasarse con la autocrítica, no vaya a ser un escollo insalvable. Y no tengas miedo, y mucho menos te dejes influir por los pseudo críticos de foros y webs especializadas. No te preocupes por si lo que estás escribiendo podrá o no gustarles. Olvídate de eso, sobre todo si aún estás en la fase borrador, porque entonces no arrancas ni en un millón de años. YA lo revisarás todo al final.

8. No encuentras las palabras apropiadas. Una cosa son las ideas, y otras las palabras. Puedes tenerlo todo más o menos claro dentro de tu cerebro, pero para describir esas ideas necesitas palabras, necesitas dibujar las escenas con palabras, frases, oraciones, y como tengas el cerebro atorado, adiós y muy buenas. Para que todo funcione bien es necesario tener agilidad mental, y esto se obtiene con el entrenamiento, sin embargo, todo escritor, y toda persona, puede experimentar en cualquier momento una situación de fatiga mental, y ahí es imposible ni siquiera decir de qué color es el caballo blanco de Santiago. Sencillamente, no te preocupes. Describe la idea de forma esquemática, con lenguaje siux si hace falta, y cuando tu cerebro vuelva a estar en forma, ya lo pondrás todo bonito como solo tú sabes hacer. Pero no se te ocurra estar un día entero atascado, porque no encuentras un verbo o un sinónimo. Mejor vete a la piscina, y nada un poco, hombre. O…, la botella de whisky, esa nunca falla. Aunque la autora del artículo original aconseja porfiar un poco más. Tú mismo. Lo importante es que no te preocupes. Tu cerebro no se ha quedado alelado para siempre. Lo que te sucede es tan solo pasajero.

9. Sencillamente, te has quedado mudo. Según el autor del presente artículo que estamos revisando, aquí nos encontraríamos ante una situación como la del punto anterior, solo que en términos absolutos. El bloqueo que como autor estás experimentando no se debe al hecho puntual de que las palabras no fluyan, y no seas capaz de utilizarlas correctamente para dibujar las escenas que tienes en tu cabeza, sino que, ya no hay manera de seguir, ni con reposo, ni de ninguna otra forma. Podrá ser muy buena la idea que tenías, e incluso has comenzado a desarrollarla con acierto, pero has llegado a un punto en el que no sabes porque, pero te has quedado ko. Una vez más, el autor del artículo nos identifica un problema común con gran acierto, pero a la hora de buscar soluciones, no encontramos fórmulas mágicas, y esto es así porque quizás no las haya. A estas alturas ya te puedes imaginar por dónde van los tiros. Revisarlo todo, ver que partes son salvables, y cuáles no. Utilizar distintos puntos de vista, según uno y otros personajes, y no tener miedo a aplicar recortes. Puede que tu maravillosa idea ya no funcione, pero eso no quiere decir que no sea mala. Todo lo que has escrito tampoco es en balde, precisamente ahí puede estar el germen de algo mucho más importante que lo que tenías en un principio.

10. La revisión del texto te bloquea. A unos la noche les confunde, y a otros revisar su propio texto los atormenta. Ya sabemos que eres un crack de la literatura, que escribes como los ángeles, y que las ideas fluyen incluso más rápido de lo que eres capaz en mecanografiarlas. Chico, eres un monstruo, pero lo que ahora tienes entre manos no es más que un borrador, en incluso puede que lleno de notas, citas, o extractos de texto al margen, que ahora no sabes dónde meterlos. Y además quieres meterlos en algún sitio, porque no solo eres orgulloso, sino que también padeces el síndrome de Diógenes, como ya hemos hablado en otras ocasiones. El proceso de revisión de una novela, o de cualquier otro trabajo escrito es una pesadilla enorme, y sobre todo muy, muy aburrido. Ante un bloqueo de este tipo pueden ocurrir dos cosas, una, que todo te resbale y tires hacia adelante, y a ver qué pasa, y otra, que te veas incapaz de afrontar semejante tarea, y la des por imposible. Aquí lo que necesitas es paciencia, pero sobre todo profesionalidad. Debes tomarte el proceso de revisión como un trabajo profesional. Márcate unos horarios si quieres; busca opiniones de expertos imparciales (no de amigos pelotas), y aprende a reescribir, y reescribir. Existe una diferencia sustancial entre afrontar el relato de las distintas secciones de tu novela mientras la vas construyendo, a hacer esto mismo una vez que la has concluido, y ya cuando tu cerebro es capaz de manejar una visión global de los episodios que en principio no tenías. Es por esta razón que muchas veces ni compensa, ni conviene corregir determinadas secciones, sino más bien reescribirlas. No existe ninguna ley, ni nada parecido, que diga que tu novela tiene que estas escrita en una semana, o en veinte años (bueno, las exigencias editoriales no estarían muy de acuerdo, pero si una editorial se preocupa por ello, es que entonces de principiante ya tienes poco). Tómate el tiempo que necesites, o que haga falta; pero lo que hagas, hazlo bien. Algún día dejarás este mundo, pero tu obra permanecerá para siempre (olé!)

Valoraciones personales: Los artículos de Charlie Jane Anders (y por aquí ya hemos tratado unos cuantos), respecto a cómo ser un buen escritor, son todos ellos muy interesantes y están muy bien planteados en lo que se refiere a identificar causas y problemas, sin embargo, como ya hemos apuntado antes, no existen las recetas mágicas, y esto es algo que queda de manifiesto una y otra vez cuando plantea las soluciones. Es importante conocer los problemas, y todo escritor que toma conciencia de ellos ya tiene medio camino andado hacia el éxito, pero… Soy consciente que casi todas las soluciones que se plantean, si bien son de sentido común, para muchos quizás resulten decepcionantes, pero esto es algo que debes decidir tú. También te puede interesar: Cuestiones a revisar en un borrador; o Escritores, novelas y borradores, una solución radical.

Fuente: The 10 Types of Writers’ Block (and How to Overcome Them)

Bloqueo Creativo

Sobre el Autor

Emilio Iglesias

Emilio Iglesias

Escritor empedernido, capitán de ésta y otras aventuras, dirige como puede RelatosPulp.com
  • Que buen post, me viene como anillo al dedocporque me he quedado atascado en la historia :o

  • Gracias Josu, la verdad es que me llevó un buen ratillo la traducción. Yo la verdad es que cuando estoy atascado prefiero dejarlo todo (pero sin olvidarme del tema), y esperar a que me llegué esa misteriosa inspiración que me ayuda a verlo todo desde otro punto de vista, y así resolver el problema. Es como cuando estás en la ofi, y no hay manera de que los números cuadren; bajas a tomar un café, y luego sale a la primera. :lol:

  • pues si, esperare a tener la mente despejada cuando acabe los examenes para, como dices, ver todo de otra manera... esas traducciones ahi emilio!

  • Muy interesante, hace poco me pasó el punto nº8. Lo dejé y me fui de bares. Incluso con la resaca del día siguiente, la cosa fluyó como por arte de magia. Ahora tengo que cortar un par de hilos sueltos y el relato quedará compacto. Hay que ser humilde, tiene toda la razón el artículo. Ser franco con uno mismo y saber quitar paja es uno de los pasos determinantes en una obra.<br />Gracias por el aporte :lol:

  • Si es que..., cada vez que escucho por ahí que hay gente viviendo del cuento, no sé como harán, porque mira que aquí escribimos cuentos, y ni para pipas, oiga..., no sé que estaremos haciendo mal :P

  • Muy buen artículo. Acabo de empezar a escribir hace unos meses y me siento totalmente identificado con el punto 7, sobre todo en el apartado de la aceptación. Es difícil vencer al bicho de la autocrítica.

  • Gracias Patxi. La autocrítica es imprescindible, y también saber escuchar la crítica de los demás, pero nunca bloquearse por ello. A mí también me pasa, me preocupo mucho por saber si lo que hago lo hago bien, si gusta, pero al final, pero en el último momento siempre cierro los ojos y digo... ¡adelante, siempre adelante, guste o espante! Como suele decirse, con dos cojones, y a tirar millas. Bien o mal, es importante que las cosas se hagan, porque se aprende más de algo mal hecho, que de algo que nunca llegaste a hacer. Eso sí, nunca perder el sentido de las cosas, porque lo que no va, no va, ni aquí, nii en el planeta Chapuzarte

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